Relecturas: Las uvas de la ira, de John Steinbeck

Con esta reseña inauguramos la etiqueta “Relecturas”. Incluiremos bajo este epígrafe aquellos libros que perduran por su incuestionable calidad y a los que volvemos de tarde en tarde. La mayoría de estos títulos estará disponible en varias ediciones. No obstante, indicaremos la edición que tomamos como referencia.

Las uvas de la ira. John Steinbeck. Traducción de María Coy. Cátedra. 1989. Tapa blanda. ISBN: 9788437608136. 640 págs. 15 €.

En estos tiempos en los que algunos escritores claman por la alta literatura (suponemos que aspiran a que las novelas sean abstrusas y sólo para iniciados), la religión continúa marcando pautas sociales y políticas y los bancos siguen a lo suyo, la relectura de Las uvas de la ira se hace ineludible.

Escrita diez años después del Crac del 29 (prehistoria de los sucesivos derrumbamientos de la bolsa de Wall Street), retrata con acierto y crudeza la situación de los “desheredados de la tierra”. La sequía y el progresivo endeudamiento con los bancos llevan a la familia Joad a emprender el éxodo, su particular travesía del desierto desde Oklahoma hasta California, en busca de trabajo como jornaleros. La ya mítica carretera 66 se convierte en su camino hacia la anhelada felicidad, aunque tan sólo rozarán la supervivencia.

A través de la historia de los Joad, Steinbeck denuncia los primitivos desmanes de un sistema que desde los años treinta ha hecho poco por regenerarse. Hasta tal punto, que resultan cercanos los embargos, la explotación, el anonimato y la deshumanización de las grandes compañías, los abusos de poder, el papel de la religión y de la policía, la manipulación y —cómo no— la indignación y la toma de conciencia. “Yo no me harto de estar enfadado —plantea uno de los personajes—. Si todos sintiéramos la misma rabia, no podrían acorralar a ninguno”.

Las uvas de la ira no se libró de los ataques de la “gente de bien”, cuya ardiente indignación se materializó en la quema de cientos de ejemplares en distintos puntos de Estados Unidos. Sin embargo, como señala Juan José Coy en la introducción a la edición de Cátedra, “el escándalo pasó, el sistema desgraciadamente asimiló el experimento” y Steinbeck acabó recibiendo el Premio Pulitzer (y veintitrés años más tarde el Nobel).

Hoy, cuando sigue pareciendo cierto eso de que “el único gobierno que tenemos y que nos afecta es el ‘margen de beneficios seguros’”, recomendamos la vuelta a esta novela social, ética, esta buena novela, ya clásica.

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