La delicadeza, de David Foenkinos

La delicadeza. David Foenkinos. Seix Barral. 2011. ISBN: 9788432209246. Tapa blanda. 218 págs. 18,00 €.

Esta pequeña historia que transcurre en París, que relata las relaciones amorosas y distantes entre los personajes podría parecer cursi y recurrente. Pues sí que lo es. Y  por tanto, tendrá secuela fílmica. David Foenkinos es un joven autor francés, que ha cosechado una decena de premios con esta novela que se publicó originalmente en Francia en el año 2009.

El comienzo plantea una historia sencilla: Nathalie, la protagonista, está enamorada de un hombre que muere de forma súbita. Este hombre era su marido y su matrimonio perfecto de siete años se acaba. Cree que nunca podrá querer de nuevo, pero un compañero de trabajo conseguirá que vuelva a ilusionarse. Compañero que no responde en absoluto a su idea de pareja, pero que en un alegato bastante naïve sobre la belleza interior parece conquistar el corazón de la protagonista. Al tiempo, el autor describe un “delicado” acoso laboral por parte del jefe de Nathalie, tratado de forma algo absurda y sin ningún peso en el texto.

La pérdida repentina es un argumento sentimental, que siempre puede llegar a emocionarnos. La prosa es ligera, la traducción es buena y se lee fácilmente. Contiene referencias culturales propias de Francia (el cantante Alain Souchon), algo ajenas para el lector español. Está dividida en 118 capítulos que han de leerse consecutivamente (a pesar de admirar y citar Rayuela). Foenkinos gusta de insertar notas a pie de página, listas y textos aclaratorios mezclando la novela con el estilo de un informe (pág. 184). Sus personajes se contagian de las reflexiones del autor y de repente, se encuentran pensando sobre la injusticia de la posteridad en autores rusos (pág. 30 ). Y contiene modos y expresiones que parecen huir de la trascendencia y llevar a los lectores por el lado cómico, pero no siempre funciona. Perdonen la digresión, pero un mismo sentido del humor no suele funcionar en países colindantes. ¿A quién le hacían gracia los anuncios de Renault en los que los conos fluorescentes hablaban? En España no resultaron exitosos, cuando en Francia funcionaron perfectamente. Algo similar sucede con la búsqueda de la risa del lector. Se reconoce el esfuerzo, pero no sucede. Es en definitiva una novela de intenciones y de azar. Estos guiños serán difíciles de traducir en la película que está prevista para mediados del año próximo, y es que David Foenkinos también tiene ganas de cine. Próximamente Audrey Tatou protagonizará la película de mismo título, con guión del propio Foenkinos y de su hermano Stéphane.

0 comentarios

Escribe tu comentario

¿Quieres unirte a la conversación?
Agradecemos tu participación.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *