El Rey Emérito y ‘el golpe de autoridad’

El Rey en la inauguración de la primera fase de la alta velocidad extremeña

EUROPA PRESSEl Rey en la inauguración de la primera fase de la alta velocidad extremeña

Con motivo de cumplirse ahora dos años desde la marcha del Rey Emérito Juan Carlos I a Emiratos han aparecido en varios medios de comunicación artículos que elogian -con flaco servicio al monarca- el pretendido ‘golpe de autoridad’ del Rey Felipe VI contra su padre, obligándole a permanecer por un tiempo indefinido en Abu Dhabi y a no regresar a España durante algún tiempo (se supone que hasta 2024 y si ha ganado las elecciones generales el PP).

Los nuevos cortesanos mediáticos elogian ‘el golpe de autoridad’ de Felipe VI contra su padre el Rey Emérito como una cualidad del Jefe de Estado y Rey Felipe VI. El que sí dio un ejemplar ‘golpe de autoridad’, en un admirable discurso en la defensa del ‘orden constitucional’ durante el fallido golpe de Estado catalán del otoño de 2017.

El mismo Rey Felipe VI que ahora acepta con docilidad otros ‘golpes de autoridad’ de Pedro Sánchez. El que un día le prohíbe ir a Barcelona a un acto académico de la Escuela Judicial, y otro día le obliga a participar en la inauguración de un tramo del falso AVE de Extremadura donde ambos, Rey y Presidente, hicieron el ridículo. O se allana ante las indecentes presiones de la Generalitat para que no se entreguen en Gerona los Premios Princesa de Gerona.

Lo grave de estos ‘golpes de autoridad’ es que, en el caso del ciudadano Juan Carlos de Borbón, constituyen una flagrante violación de sus Derechos Fundamentales que le garantizan a don Juan Carlos el derecho a vivir en su país, España, y viajar a Sanxenxo o a donde quiera. Y subirse al avión de un amigo, o en un barco de vela, y dejarse hacer fotos por la prensa, saludar a quienes se le acerquen e incluso hacer las declaraciones que quiera y donde quiera.

Y todo lo demás, empezando por su escandaloso ‘extrañamiento’, vetos a su regreso y obligaciones a la ‘prudencia y discreción’ -que se justifican con una bochornosa carta que al Emérito le obligaron a firmar, imaginamos que bajo amenazas de aplazar el cierre de actuaciones de la fiscalía en el caso de su regularización con Hacienda-, constituyen una clara violación de los Derechos Fundamentales del ciudadano Juan Carlos de Borbón.

De lo que podrían derivarse responsabilidades de personas -por aforadas que estén- que hayan tramado o ‘forzado’ el extrañamiento o exilio del Rey emérito y que pretenden impedir su regreso a España y su plena libertad de movimiento y expresión. Y situaciones así son las que con un justo ‘golpe de autoridad’ nunca debería consentir que ocurran con ningún español, el Jefe del Estado y Rey Felipe VI, y menos aún con su padre el Rey Emérito.

Y todo ello cuando aún está vigente el Decreto que le concedió a don Juan Carlos I el título vitalicio de Rey Emérito y tratamiento y honores similares a los del heredero de La Corona. Lo que también se ha violado cuando en su único viaje a España en los dos últimos años el Rey Felipe VI -‘con su golpe de autoridad’- no le dejó a su padre Don Juan Carlos I residir en el Palacio de La Zarzuela.

Y quienes así actúen, o lo aplaudan, serán responsables de conculcar los más elementales principios de la Democracia y la Constitución Española. Y ello por más y, ello es sin duda reprobable, que en sus actuaciones pasadas don Juan Carlos haya incurrido en comportamientos reprobables ajenos a su obligada ejemplaridad y al amparo de su inviolabilidad.

Y esto ocurre en una España cuando, por ejemplo y solo son dos botones de muestra, dos personajes como el golpista Oriol Junqueras de ERC o el malversador José Antonio Griñán del PSOE (condenados por el Tribunal Supremo), el primero indultado y el segundo por indultar, disfrutan cuando deberían de estar en prisión, en España de libertad. Mientras el ciudadano Juan Carlos de Borbón sigue ‘exiliado’ sin haber mediado en su caso ni un solo juicio y en consecuencia ni una sola condena judicial.

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