Johnson deporta refugiados a Rwanda

Preguntas del primer ministro en Londres

EFEBoris Johnson

La intervención del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha impedido, de momento, que el Gobierno británico que lidera Boris Johnson haya podido enviar a Ruanda en un avión a un centenar de refugiados que llegaron por mar al Reino Unido.

Pero Johnson ha dicho que no parará en su empeño, incluso abandonando la Corte de Derechos Humanos, porque está decidido a las deportaciones en caliente de refugiados hacia un tercer país del que no son originarios como arma disuasoria para los miles de inmigrantes que intentan llegar en este tiempo a las costas de Inglaterra.

Esta iniciativa de Johnson no es nueva ni es la única porque en Australia ya se hace algo parecido y se gestionan duros campos de internamiento para los refugiados. Y Dinamarca ya estaba trabajando en un plan parecido al de Johnson para enviar refugiados de origen sirio a un tercer país, previo pago a dicho país -Inglaterra ya ha enviado 140 millones de euros a Rwanda- para que se haga cargo de los refugiados.

De hecho la UE cuando estalló la huida masiva de sirios que escapaban de la guerra negoció y pagó a Turquía grandes sumas de dinero para quedarse con los refugiados sirios en campamentos con unas pésimas condiciones de habitabilidad.

Y el debate de la inmigración ilegal y de los refugiados es una triste realidad que afecta a las naciones europeas (y a los EEUU) en general. Y a España de especial manera por la facilidad con la que los inmigrantes llegan por el mar (especialmente ahora con el buen tiempo) a nuestras costas.

Un debate el de la inmigración ilegal y sus posibles respuestas y soluciones, que se ha convertido en caldo de cultivo electoral para los partidos de la extrema derecha europea. Y para el que no existe en la UE más respuesta que un intento de acogida global de inmigrantes repartida entre el conjunto de las naciones europeas.

Sin embargo la expeditiva expulsión de refugiados hacia Rwanda impuesta por Boris Johnson huele que apesta, además, a un gesto oportunista del ‘premier’ a ver si con ello se olvidan en su país de las fiestas que organizó en su residencia oficial durante la pandemia y la reciente petición de dimisión que votaron el 40 % de los diputados de su partido hace tan solo unos días.

¿Qué hacer? Pues abordar en Europa el problema de la inmigración con la seriedad y dedicación que el problema merece. Y con soluciones en las que no caben las deportaciones a terceros países de cientos de emigrantes que son abandonados a su mala suerte y con graves dificultades de todo orden para sobrevivir con dignidad y preservar su origen, su cultura y su relación familiar.

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