Ayuso y Almeida, que se casen

En vez de pelearse por encargo y en defensa de intereses y de intrigas que les son ajenos, esta pareja de políticos del PP, ella Isabel Ayuso presidenta de la Comunidad de Madrid, y él José Luis M. Almeida, actual alcalde de la capital de España, y los dos solteros, jóvenes y en edad de merecer, lo que tienen que hacer es casarse.

Y con ese motivo repicarán las campanas de la catedral de la Almudena, y ella, Isabel, llegará de blanco impoluto del brazo de José María Aznar, y el, José Luís, con chaqué, y del brazo de Ana Pastor. Y Cayetana y Rodríguez llorarán de emoción, mientras Teodoro interpretará con su guitarra la marcha triunfal que Cuca Gamarra aplaudirá.

Antes los embajadores de una y otra parte habrán firmado un contrato de ‘arras’ por el que ambos contrayentes se comprometen a repartirse, dos años cada uno, la que sería una presidencia rotatoria del PP de Madrid.

Estamos ante una repetición del amor imposible y secreto de ‘los amantes de Teruel’ -‘tonta ella y tonto él’, según el refranero español- que en este caso también puede acabar muy mal.

Y no precisamente en una boda sino más bien en unas ‘justas’ donde solo uno de los dos podrá sobrevivir, porque el que resulte derrotado en ese tan demandado Congreso regional del PP de Madrid, luego no podrá concurrir a los comicios autonómicos o a los municipales, una vez que haya quedado marcado con el estigma de perdedor.

Estos dos artistas del Circo Price madrileño, que ahora actúan en el número de los payasos de las bofetadas, no tienen más méritos ni curriculum para haber llegado a donde están que el dedazo de Pablo Casado y el rechazo que Pedro Sánchez tiene en el electorado de Madrid (en realidad los lugares donde más añoran y votan a Sánchez son Rentería y Vich).

Ahora bien, el nivel político e intelectual de la pelea a la que asistimos entre Ayuso y Almeida deja mucho que desear y está claro que Ayuso le salió rana a Casado y que Almeida ya no da más de sí.

Pero claro, Casado quería renovar el PP y prescindir de los barones y ex ministros de Rajoy y, mire usted por donde, se ha encontrado con estos dos ‘chiquilicuatres -según Aguirre- que o se casan y se avienen, o se van a liar a garrotazos ante el muy sufrido y harto de coles pueblo de Madrid.