El enemigo invisible se llama ‘Estanflación’

Ahora que parece que la pandemia se diluye, salvo que aparezca alguna variante que burle las vacunas, y cuando en Europa empiezan a echar al vuelo las campañas de la recuperación económica, negros nubarrones se despliegan en el horizonte de la economía mundial.

Y especialmente en el español donde, al contrario de lo que ocurre en otros países europeos los riesgos son mayores porque nuestra economía es débil, la deuda del 199,5 % muy alta, el déficit público importante, la cohesión política inestable, y los destrozos de la pandemia ha causado en el tejido empresarial y laboral muy altos y en muchos casos irrecuperables.

No queremos ser agoreros ni dar malas noticias pero hay que estar atentos.

Y en estas circunstancias a no perder de vista el riesgo de la llegada del que sería el gran enemigo invisible que es la ‘Estanflación’, o el estancamiento del crecimiento y de la actividad económica y la persistencia de la inflación.

De manera que ‘ojo al Cristo que es de plata’ y menos champán en Moncloa no vaya a ser que a Sánchez se le hunda él suflé del 40 Congreso en un abrir y cerrar de ojos.

Empezando por los problemas del precio y el abastecimiento energético durante el frío invierno que se avecina. El que puede dejar tiritando a media España, en contra de lo que Sánchez nos prometió en su última entrevista televisada, empeñando en ello ‘su palabra’. La que dicho sea de paso vale bien poco.

Los peligros que amenazan el riesgo de la Estanflación son los siguientes :

-Falta de aprovisionamiento de energía (especialmente del gas) y la subida de sus precios más allá de la primavera de 2022.

-En consecuencia subida disparatada de los precios de la luz para empresas y familias en más tiempo del previsto.

-Subida imparable y continuada del IPC, lo que tendría consecuencias en sueldos y pensiones y en las economías familiares.

-Falta de ‘suministros’ (como chips) en las industrias creando un ‘cuello de botella’ y reduciendo la producción cuando lo que hace falta es aumentarla para bajar los precios.

-Subida de los tipos de interés, como consecuencia de la inflación y de sus secuelas, encareciendo los costes de los créditos y de la deuda pública que en España es muy alta.

-Subida de los impuestos para frenar el déficit público y otro aplazamiento de la convergencia fiscal en la UE.

Si a ello añadimos en España la inseguridad jurídica y altos costes de la vida laboral que se desprenden del aumento del gasto público e intervencionismo confiscatorio del Gobierno en empresas y en alquileres (amenazando así la inversión extranjera y nacional), veremos que esos nubarrones negros de los que hablamos pueden confluir en la ‘tormenta perfecta’ de la Estanflación. Y, a partir de ese momento, ya veremos que pasa en nuestro entorno europeo y en este país.

Lo que, como anunció Pablo Casado irritando a Sánchez, podría llevar a España a necesitar el rescate financiero o pedir a la UE, que reconvierta en ayudas los 70.000 millones que también nos ofreció en créditos a devolver, lo que el norte europeo no consentirá porque los avalistas son ellos.

Y porque este Gobierno de Sánchez lleva, como la cigarra del cuento, presumiendo de la gran recuperación económica del país, despilfarrando gasto público para contentar a sus socios de UP, y sin guardar, como la hormiga, provisiones necesarias para el duro invierno que está al caer.

Ojalá que esto no sea así y la inflación y crisis energética sean pasajeras y que en la primavera el cielo español y europeo se vistan de azul. Pero a la espera de las buenas noticias no conviene bajar la guardia porque el peligro anda rondando y en cualquier momento puede venir.