La caja de Pandora estaba medio vacía

Lo de los papeles de Panama o el informe Falciani fueron otra cosa porque ahí, en esas redes del periodismo de investigación internacional si cayeron algunos peces godos y se cortaron cabezas de la política. Pero esta vez en la caja de ‘Pandora’ no había gran cosa en fondo mediático del consorcio de periodistas internacionales de investigación que apenas parió sólo un ratón, o dos o tres, pero no hubo caza mayor.

Que Guardiola tuvo en Andorra medio millón que regularizó con penalidad de un 10 % en la amnistía fiscal de Cristobal Montoro, y que Vargas Llosa tuvo una sociedad en un paraíso fiscal cuando no residía en España y que al llegar aquí la declaró tampoco es un asunto de calado.

Lo que no le quita mérito al esfuerzo de los periodistas, ni permite bajar la guardia frente a las cuevas de Ali Baba que permanecen intactas y dando cobijo a defraudadores, dictadores, mafias y narcotraficantes en todos los paraísos fiscales que aún existen. Y que se podrían acabar de la noche a la mañana a nada que las grandes naciones del mundo anuncien que rompen toda relación con estos bancos ‘off shore’.

Pero hete aquí que en esas cámaras de acero no solo se ocultan unos ricos delincuentes sino que también se utilizan para el pago de comisiones de los Estados. Por ejemplo en el tráfico de armas y petróleo. Y sobre todo por los servicios secretos y de información estatal, e incluso para trasvases de esos que en España se llaman los ‘fondos reservados’ del Estado que financian las cloacas.

En la leyenda de la Caja de Pandora, de la mitología griega que en realidad era una tinaja, la primera mujer creada por orden de Zeus recibió al casarse esa caja cerrada (o tinaja) que nunca debía de abrir. Pero la curiosidad llevó a Pandora a abrir la caja y de ella salieron ‘todos los males del mundo’, como los que se arremolinan en los paraísos fiscales de nuestro tiempo al margen de la ley.

Sin embargo en el fondo de la tinaja sólo quedó un bien: la esperanza. La que unida a la perseverancia de los buenos investigadores del periodismo internacional debe hacernos confiar en que los controles y las cerraduras sofisticadas de esas cajas fuertes del poder político podrido y de los más descarados delincuentes internacionales algún día se abrirán. Y entonces los medios de comunicación democráticos y libres podrán presentar en sus portadas un elenco hoy insospechado de los que esconden esas inmensas fortunas en las fauces de esos mal llamados paraísos, salvo el que responde al justiciero nombre de Caimán.