El drama y el aviso del volcán

Políticamente hablando se puede aplicar a la ministra de Industria, Comercio y Turismo, Reyes Maroto, el dicho popular de que ‘no es más tonta porque no se entrena’, vistas sus declaraciones sobre el estallido del volcán de La Palma en las que afirmó que ‘el maravilloso espectáculo del volcán servirá para reactivar el turismo en la isla’.

Y ello mientras miles de personas eran desalojadas de sus hogares ‘con lo puesto’ y perdían bajo las lenguas de llamas sus casas y enseres creando situaciones dramáticas de subsistencia y alojamiento que los Gobiernos de Canarias y España deben de empezar a solucionar ya, desde este mismo momento.

Naturalmente la ministra en cuestión ha tenido que rectificar y aclarar que ahora lo más urgente es ayudar a las personas damnificada. Y ello sin perder de vista que lo del volcán de La Palma y en contra de lo que dice Maroto no solo no servirá de reclamo turístico para la isla sino que, al contrario, se va a convertir en el corto plazo en un valladar para el turismo por los muchos riesgos que todo esto encierra.

Y por los destrozos de todo orden que las erupciones y los ríos de lava que se acercan al mar están causando al arrasar cientos de viviendas -ya se habla de que serán destruidas más de mil casas- y campos de cultivo, de plátano y vid, amén de los daños al ganado y las vías públicas.

Lo que sí ha limpiado algo el volcán han sido tensiones inútiles del debate político de las últimas semanas que han quedado aparcadas en un segundo o tercer plano en la información general.

Al tiempo que se convocaba una generalizada y espontánea solidaridad de todos los españoles con los habitantes de La Palma, a los que les esperan duros meses para la recuperación de la que fue su normalidad y el bienestar ahora destruido en la localidades próximas al estallido del volcán.

El que sigue expulsando fuego, gases tóxicos y lava por sus nueve bocas incandescentes que aún no se sabe cuando se extinguirán, mientras los ríos de lava que todo arrasan a su paso empiezan a llegar a las orillas del mar y se reproducen nuevos terremotos de baja intensidad que tampoco anuncian nada bueno, y menos aún el final de esta situación.

La que por otra parte nos recuerda que la naturaleza que se subleva y nos llama la atención desde el volcán de La Palma, está ahí y sufriendo mucho los destrozos que los ciudadanos del Planeta Tierra no cesan de causar en el clima sin que se pongan remedios drásticos para reconducir una pésima y dramática situación. La que los primeros gobernantes del planeta no acaban de abordar con los medios y la decisión que el problema requiere, actuando de manera implacable y decisiva contra el deterioro climático mundial.