El fuego abrasador de Sánchez

Aunque no sirva de nada lo vamos a repetir: España necesita de una gran coalición PSOE-PP pero sin Sánchez en el lado socialista, mejor con García Page, y sin rastro del aznarismo o de Ayuso en el lado conservador.

Ya sabemos que esto es imposible y que para lograr esos pactos hay que ser alemanes, franceses o como los Italianos, cuyos partidos políticos han dado al unísono un paso atrás para que Mario Draghi, un independiente de prestigio, gobierne el país.

Lo que nos invita a imaginar, por inalcanzable que nos parezca y ahora que Ángela Merkel deja la cancillería alemana, el posible fichaje de Merkel -como los de Messi o Mbappé- al menos para asesorar al gobierno español.

Pero mientras tanto ‘con estos bueyes hay que arar’. Pero avisamos: todo el que se acerque demasiado a Pedro Sánchez está perdido. Y con mayor motivo si quien se le aproxima lo hace con tono obsequioso o adulador, porque el fuego que emite desde su radiante ambición es abrasador. Que les pregunten a Iglesias, Calvo, Ábalos o Redondo.

Y ya verá el tal Pere Aragonés como acabará cuando Sánchez consiga, al precio que sea, los votos de ERC que él necesita para aprobar los PGE de 2022 y lograr el pasaporte para permanecer en el poder hasta 2023.

Y cuídese el PP de los pactos sobre la Justicia porque Sánchez no quiere la renovación del CGPJ, sino el control del Tribunal Supremo que es el mar en el que desembocan los ríos de los grandes casos judicializados de la política nacional, desde los del Rey emérito Juan Carlos I a los recursos sobre los indultos que Sánchez concedió a los golpistas.

Sánchez necesita el Tribunal Supremo para hacer con el algo parecido a lo que ha hecho con el CIS -que ayer sacó una encuesta a su medida como aquella en la que anunciaba que la izquierda podía ganar las elecciones del 4-M en Madrid.

Todo en Sánchez gira en torno a su persona de la que él mismo tiene el mejor y más petulante concepto.

No en vano en fechas recientes y sin decir una sola verdad se auto proclamó ‘valiente, cumplidor, humilde, dialogante’ e incluso ‘magnánimo’. Y hasta tal punto que en su reciente entrevista en TVE llegó a decir que vacunó a todos los ciudadanos ‘sin preguntar sobre su origen, su creencia o lo que votaban’, lo que es el colmo de su ‘magnanimidad’ y una infamia de gran calibre.

Pero Sánchez va por un lado y la realidad del país va por otro, aunque ahora y tras despojarse del traje pro soberanista con el que visitó la Generalitat, (mientras Aragonés escondía la bandera de España para turno de alocución) tenemos al Sánchez ‘el rojo’, su diabólico disfraz para su próxima aparición en el 40 Congreso del PSOE de mediados de octubre.

Y así vestido de rojo anuncia la subida del SMI 15 € sin un acuerdo con la CEOE a la que amenazan con no renovar los ERTEs. Y ante el asombro de Bruselas que ve a Sánchez desconcertado, mientras las compañías de electricidad, tras el anuncio de confiscación de sus beneficios, se caen a plomo en la Bolsa de Madrid y advierten que recortarán sus inversiones o que adelantarán el cierre de las centrales nucleares.

Y en los mercados de capitales empieza a correr la noticia de que en España está en riesgo ‘la seguridad jurídica’ de toda inversión exterior, por todo esto de las eléctricas y las amenazas sobre los precios de los alquileres.

Pero a pesar de todo el precio de la luz sigue subiendo y con él sube el IPC y en consecuencia ya veremos si los sueldos de la administración y sobre todo las pensiones, al nivel de un IPC que podría acabar el año por encima del 3%. Y a no perder de vista el impacto de todo ello en el déficit y la deuda pública española que al parecer está batiendo récords internacionales.

No importa no pasa nada, Sánchez está al mando y según él todo va muy bien, diga lo que diga la ‘catastrófica’ oposición. Y al que se nueva mucho lo fulmina con un rayo abrasador. Para eso es el que manda y además ve con gran contento los problemas internos de la oposición del PP con los líos de Ayuso que no cesan y a punto están de desbaratar la Convención del PP.