El obispo (Novell) y el tertuliano (Iglesias), endemoniados

El astro mediático del momento es el ex obispo de Solsona, Xavier Novell, fanático del independentismo y aprendiz del exorcismo, que se ha fugado con la escritora de novelas eróticas Silvia Caballol, a la que pretendía sacar el diablo del cuerpo.

El mismo demonio de garras afiladas y eróticas en las que ha sucumbido monseñor Vendrell, ante el asombro del episcopado catalán, del nuncio del Papa y de la curia vaticana por donde circula esta asombrosa historia con un intenso y demoníaco olor a azufre.

Y por ello rezamos casi sin consuelo, mientras imaginamos a Vendrell en los brazos ardientes de esta gran especialista en las artes del Kamasutra y, para protegernos también de su diabólica atracción, nos santiguamos y decimos: ‘Ave María Santísima’. Y ‘¡Vade retro, Satanás!’. Y, de momento, parece que el conjuro funciona y nos protegerá.

Ya se lo decía Fígaro -don Mariano José de Larra- a su amigo el incrédulo don Periquito: ‘en este país’ pasan cosas asombrosas porque ‘el mundo todo es máscaras y todo el año es carnaval’.

Y porque ‘estas son cosas de España’ que a buen seguro no pasaban en Francia, Inglaterra, ni en Portugal. Porque mientras aquí buscábamos la puerta de escape de la Inquisición eclesial, nuestros vecinos ya disfrutaban de ‘la ilustración’ que llegó a España con un gran y maldito retraso, lo que tanto nos perjudicó.

El otro endemoniado, más bien ‘El Diablo Cojuelo’ de Vélez de Guevara, es el más travieso e intrigante de los infiernos y en España responde al nombre de Pablo Iglesias. Hasta hace poco vicepresidente del Gobierno pero ahora reencarnado en tertuliano y articulista que pretende confundir y mangonear, desde sus nuevos púlpitos, a todo lo que se mueva a la izquierda del PSOE en pos de un España ‘revolucionaria, republicana y confederal’.

Porque Iglesias pretende reagrupar una ‘famélica legión’ el batallón de sus zombis que deambulan desconcertados de un lado para otro, como les ocurre a los Rufián, Junqueras, Díaz, Echenique, Belarra, Otegui, Montero, Errejón, Garzón, y hasta el mismísimo Puigdemont, ahora que ya se sabe que es un espía ruso.

Las ánimas izquierdistas y separatistas del entramado más radical español, a los que Iglesias cree atentos a su toque de corneta para obedecer todas las órdenes que transmita este oráculo infernal en el que se ha convertido Iglesias, cobrando por cada adivinanza y en distintos lugares lo que hará de él un hombre rico, influyente y relumbrón, sobre todo si desde la derecha le prestan mucha atención.

Este Iglesias ‘cojuelo’ primero llevó sus zombis, al ritmo de Thriller, a tocar el cielo del poder (71 escaños en 2015 y 5 asientos en el Consejo de Ministros en 2020) y ahora, al grito de ¡alerta fascista! -con el que sumó dos grandes derrotas en Andalucía y en Madrid- vuelve a las andadas metiendo miedo y advierte del riesgo de una futura y posible llegada del PP y Vox al poder.

Y con ese argumento pide a esta izquierda dispersa y huérfana de liderazgo que una votos y esfuerzos y que, de paso, salve al Gobierno de la coalición que a tantos de los suyos tiene colocados en la pública Administración del Estado español.

Y qué bonito sería que quedaran a cenar, en Barcelona y en un notorio y bonito restaurante, Novell, Caballol, Iglesias y Colau. Ahora que todos ellos están libres de ataduras y no entran en disquisiciones absurdas y políticas sobre el bien y el mal. Máxime cuando está de por medio algo tan sublime como la erótica -política y eclesial- del poder.