Puigdemont era un espía ruso

Ahora resulta que Carles Puigdemont era un ‘espía ruso’, que buscaba en Moscú la desestabilización de la democracia española y apoyo económico para el fracasado proceso independentista.

Lo que se empezó a fraguar con la puesta en marcha de la misteriosa y sospechosa plataforma ‘Tsunami Democratic’ que agitó la violencia en Barcelona, y que actuaba en línea con otras operaciones del entorno de Vladimir Putin en los países occidentales.

Lo ha denunciado el diario 'The New York Times' que deja a Puigdemont, y a su partido JxC, a los pies de los caballos ante la Unión Europea, España y Cataluña. Lo que en buena parte ha tenido que confirmar Puigdemont al reconocer contactos en Moscú de sus colaboradores, Alay y Boye.

Y lo que ha intentado justificar Puigdemont diciendo que esos contactos en Moscú se han sacado de contexto y que lo que buscaba era un acuerdo con el Gobierno ruso para garantizar el futuro aprovisionamiento de energía para una Cataluña independiente (sic).

Siempre supimos que el soberanismo catalán tenía un especial interés en el control de las empresas energéticas españolas como Repsol o Naturgy, pero ahora este enloquecido personaje que es Puigdemont resulta que se ofrecía a Putin como su títere para desestabilizar la democracia española, y una vez más el tiro le ha salido por la culata.

Mientras su íntimo enemigo Oriol Junqueras se desternilla de risa con la nueva versión catalana de ‘El oro de Moscú’ y en el bote de JxC chirrían las cuadernas camino de otro naufragio de su líder que está haciendo honor al nombre de su ubicación belga de ‘Waterloo’.

Y todo ello cuando en el seno del ruinoso gobierno catalán Aragonés tiene abierta una seria crisis de estabilidad por la ampliación -regalo envenenado de Sánchez- del aeropuerto del Prat que afecta a la zona ecológica de La Ricarda.

Lo que no está dispuesta a aceptar la CUP ni la Colau ni Asens, y puede bloquear o complicar la operación del Prat, con la que los soberanistas, por otra parte, pretenden controlar (nacionalizar) la gestión del aeropuerto para quitarle a España el control de esa frontera internacional e intercontinental.

El proceso soberanista catalán está muerto desde el ‘precipitado’ y fallido golpe de Estado catalán que impuso Junqueras con aquella declaración unilateral de la independencia de Cataluña, a la que entonces se resistía Puigdemont. Hasta que el botarate Rufián lo llamó Judas vendido por 155 monedas de planta (en referencia al artículo 155 de la Constitución) y, al final todos se subieron a ese barco que nada más echarse al agua naufragó.

Y ahora, en pleno escándalo del espionaje ruso de Puigdemont, el indultado Junqueras anda diciendo que el independentismo necesita lograr el apoyo internacional. El que quizás encuentren en Afganistán, a fin de cuentas en uno y otro lugar hay talibanes de distinto pelaje, en contra de las libertades, los Derechos Humanos y la democracia,

Y dice Aragonés, desde su Gobierno de la Generalitat, que hundió el país con su pésima gestión de la pandemia y la economía (continúan fugándose las empresas y no llegan las inversiones), que el referéndum catalán para la autodeterminación debe llegar antes de ¡2030! Es decir: nunca.

Mientras, Pere Aragonés saca brillo al cazo catalán en la espera de pasarlo a Sánchez en la ‘mesa de diálogo’ para que les eche algunas monedas de los Fondos UE, a cambio de que ERC les apruebe los PGE de 2022 para de esa manera apaciguar la rebelión de La Ricarda del Prat, mientras Puigdemont se lame las heridas incurables que le ha infringido el prestigioso periódico americano NYT.