La ministra Portavoz y el tren blindado de Strelnikov

Muy poco tiempo ha tenido de tranquilidad, desde que llegó al Gobierno, la ministra Portavoz y Territorial, Isabel Rodríguez. Porque ya se ha tenido que tragar algunos cuantos sapos en la Comisión Bilateral Estado-Generalitat. Y luego tuvo que ocultar verdades como puños a base de mentiras piadosas y sonrisas estiradas con las que calificó el encuentro de ‘positivo’, mientras ‘la parte contratante de la parte contratante’ -que diría Groucho Marx- calificó el resultado de ‘insuficiente’.

Y puede que a Isabel Audrey, la ex alcaldesa de Puertollano, se le pasara por la cabeza subirse a la Vespa de aquellas vacaciones en Roma y volver a la ciudad apacible y verdadera donde anota ya no es alcaldesa pero sí muy querida y donde vivía plácidamente y en paz.

Lo de la Comisión bilateral Estado-Generalitat, como si Cataluña no fuera parte del Estado, es en esa pretendida bilateralidad algo repugnante y ajeno al marco constitucional. E Isabel lo sabe y sonríe pidiendo clemencia a los medios de comunicación.

Como sabe que el pago en fondos públicos y con jirones de la soberanía nacional es una ‘desviación de poder’ rayana en la prevaricación, y que El Prat (ni Barajas) necesitan una ampliación ni ello es una prioridad nacional con la que está cayendo en toda España. Esto del Prat es sencillamente el pago de una extorsión para que ERC apruebe los PGE de 2022.

Y dirá para sus adentros la ministra Portavoz, si es que tiene corazón, para explicar su complicidad que ‘el fin justifica los medios’. Pero ella sabe que esto es sólo el principio, que le esperan pruebas mayores, sapos mucho más grandes, y que al fondo de todo ello palidecen la bandera de España y las siglas del PSOE porque se ha roto el principio de solidaridad e igualdad entre las regiones del país.

Con el agravante de que quienes son amigos de ETA y del golpe catalán son los que se benefician de los pagos indecentes, y del ‘aterriza como puedas’ en el Prat. Aeropuerto y frontera internacional de España pretende controlar la Generalitat, como otras tantas cosas que son patrimonio del Estado.

Pero la ministra Portavoz, ‘niña Isabel ten cuidado’, cree que todo pasa y se queda en el olvido. Y que a fin de cuentas ella cuando se mira al espejo por la mañana se ve muy bien y muy poderosa y se dice: ‘sí, yo soy la ministra Portavoz del Gobierno de España’. Y Puertollano esta muy lejos de la capital del Reino y cuando en Madrid el viento sopla del Este en el gran salón del Consejo de Ministros no entran olores y humos de la Refinería.

Al contrario, en el Palacio de La Moncloa huele a desodorante y a colonia barata de botellón. Pero ahí está el poder aunque en este caso más de un régimen autocrático centroamericano que el poder veneciano o parisino que se debate entre el Leviatán de la legítima ‘violencia del Estado’ de Maquivelo y ‘El espíritu de la leyes’ de Montesquieu.

Y por Puertollano, un pueblo de La Mancha de cuyo nombre Isabel Audry ya no quiere acordarse, hay veces que pasa el AVE Madrid-Córdoba sin parar y a toda velocidad, como en la tundra nevada y rusa de la revolución, que nos relató el poeta Zhivago, pasaba a toda velocidad con sus banderas rojas el tren blindado del coronel Strelnikov, quien en un alto en el camino le dice a Zhivago: ‘la vida privada ha muerto en Rusia’.

Como en el ‘sanchismo’ porque en esta España y en el poder imperante todo está al servicio del líder. Incluido el Rey Felipe VI, al que se le prohíbe viajar a Cataluña y luego se le fuerza, desde el Gobierno, a expulsar a su padre el Rey emérito fuera de España, y desde el Gobierno, también, se le acusa al Rey Juan Carlos I de fugarse de España huyendo de la Justicia.

Y tu, niña Isabel, ministra Portavoz del Gobierno de España, disimulando y tocando el violón sin saber que decir o qué sonrisa exhibir. Pero ya pasó y ahora vendrán unos días de vacaciones y descanso, con guardaespaldas y coche oficial, en los que, junto al mar, cogerás algo de color moreno para que al inicio del nuevo político estés relajada y radiante ante las cámaras aduladoras de la televisión.