Sequía de medallas olímpicas

La primera semana de los Juegos Olímpicos de Tokio se ha saldado, para la numerosa delegación española (de más de 330 atletas) con tan sólo tres medallas cuando en citas anteriores y en los siete primeros días ya teníamos 5 o 6 medallas.

Pero esta vez, y por ahora, nos tenemos que conformar con dos medallas de plata de Adriana y Maialen y con el bronce de David, mientras algunas de nuestras esperanzas, que se contaban como triunfos, se desvanecieron y todo ello está provocando un cierto nerviosismo en la delegación olímpica de nuestro país.

Y la natural decepción de los aficionados al deporte olímpico que madrugan para disfrutar del espectáculo y que ven cómo no llegan las medallas. Lo que no sirve de consuelo por más que los primeros responsables olímpicos de España se consuelen diciendo que hemos conseguido ¡11 diplomas!, lo que tampoco es para tirar cohetes, sino todo lo contrario.

Y si esto sigue así, y no faltará quien eche la culpa de todo ello al Gobierno de Sánchez, al regreso de Tokio rodarán cabezas en el organigrama olímpico español. El que, dicho sea de paso, no se ocupa mucho de los deportes minoritarios como los que, de momento, nos han dado tres medallas, y así no se puede seguir con vistas a la próxima cita olímpica de Paris.

Y sin mal van los resultados deportivos, que se esperan enmendar en esta la segunda semana que ahora comienza, peor va el entusiasmo desmedido de los comentaristas de TVE que anuncian triunfos que no llegan y conquistas que no lo son.

Como cuando en el día de ayer y en la semifinal de 5.000 metros (ni siquiera en la final) de mujeres un entusiasta locutor de TVE daba alaridos de alegría porque la corredora española Lucía Rodríguez que participó en esta prueba había llegado a la meta en el puesto ¡16! Llegando a decir el comentarista en cuestión: ‘hay que quitarse el sombrero’. Y todo porque la corredora había bajado 6 segundos su marca personal.

Si seguimos así, con el entusiasmo de TVE, la escasez de medallas y con el latiguillo cursi y exculpatorio de ‘lo ha dado todo’, estos Juegos de Tokio van a derivar en España en un gran cabreo nacional. Que se unirá a la pandemia, al paro y a la crisis económica y social.

Y el posible fracaso olímpico español dañará la imagen de España en el mundo, porque sabido es que los Juegos Olímpicos son un escaparate donde las grandes potencias y los países medianos exhiben su potencial deportivo como prueba de su progreso y capacidad.

Desde luego esos optimistas que llegaron a predecir que España podría superar en Tokio las 22 medallas de la Olimpiada de Barcelona, mejor que desaparezcan del mapa deportivo por lo que pueda pasar.