Isabel Rodríguez, Portavoz y Audrey Hepburn del Gobierno

La ministra portavoz del Gobierno, Isabel Rodríguez, luce una bonita sonrisa, ojos grandes y oscuros -‘que parecen soles’, que diría Machín-, es elegante, con sortija y los destellos de Tiffanys, y lleva el pelo corto al estilo de Audrey Hepburn. Aunque le falta una guitarra para cantar ‘Moon River’ desde una ventana de La Moncloa y una Vespa por si quiere irse de vacaciones a Roma con Gregory Peck.

La ministra Portavoz es la estrella del nuevo Gobierno de Pedro Sánchez. Y el reverso de su predecesora, María Jesús Montero, una Gorgona cabrada, despeinada y mal hablada, que convirtió la rueda de prensa del Consejo de Ministros en un púlpito a palos con la Oposición. Tentación que veremos si supera nuestra Audrey, que ha prometido no comentar las declaraciones y actuaciones de los partidos políticos.

La ‘niña Isabel, ten cuidado’ es temerosa y escurridiza ante los periodistas y se va con facilidad por los cerros de Sierra Madrona o por el Valle de Alcudia de su querido Puertollano, si alguno le pone las peras al cuarto y ella, en ese caso, responde ‘manzanas llevo’. Le preguntaron si Cuba era una dictadura y Audrey respondió: ‘España es una democracia’. Y cuando le pidieron que se pronunciara sobre si España es ‘una nación’ ella dijo que es ‘un país’.

Sin embargo cuando le han pedido opinión por los indultos a los golpistas, ¡la bicha!, de la que seguramente discrepa en su intimidad en línea con su admirado Rubalcaba y su amigo García Page, ahí Audrey, ‘niña Isabel ten cuidado’, se ruboriza.

Y entonces nos cuenta Isabel, con estremecedora candidez, que cuando el Presidente concedió los indultos ‘arbitrarios’ a los sediciosos catalanes ella estaba muy ocupada, como alcaldesa de Puertollano, con ‘los problemas de la limpieza de su ciudad’ (sic) que, dicho sea de paso, ahora está como los chorros del oro.

La cartera ministerial y Territorial de Isabel Rodríguez pesa mucho. Quizás demasiado para su ahora aparente fragilidad, y es el talón de Aquiles del presidente Sánchez. Un presumido que ‘no tiene abuela’ y se presenta en NY como ‘un político que cumple’, en el Congreso como ‘un valiente’ y en La Moncloa como ‘el magnánimo’ (pregunten a Calvo, Ábalos y Redondo).

Pero debería saber Isabel que en la política también existen la dimisión y la dignidad. Y que si llega el caso del referéndum o la consulta no vinculante en Cataluña, o si la Sala Tercera del Tribunal Supremo anula los indultos y se arma el zafarrancho de combate contra el Tribunal, ella, la Audrey Hepburn del Gobierno, por España -y si sueña ser un día presidenta del país- tendrá que decir ‘no’ y dimitir.

Y entonces despertar y rezarle tres ‘Ave Marías’ a Nuestra Señora de Gracia. Y en ese momento u otro parecido, que pueden llegar, Isabel, Audrey, tendrá que hacer las maletas, subirse a la Vespa y regresar a su minera ciudad que rodeada está de un hermoso y apacible paraíso natural.