Una sencilla y emotiva ceremonia olímpica 

La antorcha olímpica ya ilumina el Estadio de Tokio tras la celebración de una sencilla y moderna ceremonia inaugural presidida por el emperador Naruhito, marcada por las restricciones de la pandemia, sin espectadores y con no pocas protestas populares japonesas por temor a la expansión del virus en el país.

Una ceremonia donde echamos de menos la presencia de un miembro de la Familia Real española, como solía ser tradicional, y en la que actuó, en una interpretación conjunta y representando a Europa con otros cantantes del resto de continentes, el español Alejandro Sanz, interpretando muy bien el ‘Imagine’ de John Lennon.

Y una ceremonia en la que desfiló el equipo español -ellas con trajes rojos y con las chaquetas blancas, y ellos con pantalón negro y chaquetas blancas- con la nadadora y medallista Mireia Belmonte y el piragüista Saúl Craviotto también medallista, como los abanderados de nuestro país.

No fue una ceremonia muy japonesa ni muy oriental, como se pensó en un principio sino muy internacional y con mucho acento en el deporte como un símbolo de paz, cohesión y sobre todo de solidaridad. Y ello le ofreció a la ceremonia inaugural un aire sentimental y de homenaje a las víctimas de la pandemia y de las catástrofes sufridas por Japón años atrás.

Siendo el espectáculo más llamativo de la ceremonia la navegación por el aire de un globo de más de 1.800 drones, en un asombroso ejercicio de sincronización, con el que representaron en el cielo de Tokio la geografía tridimensional de nuestro planeta.

Como también fue espectacular la apertura de la moderna flor tecnológica del pebetero del Estadio de Tokio a donde llegó el fuego olímpico de la mano de la tenista Naomi Osaka y al son del Bolero de Ravel.

Y desde luego algo excepcional en la cultura japonesa como la presencia del emperador Naruito en la ceremonia que declaró abiertos los Juegos de los que hoy se iniciarán competiciones en muchos deportes, en los que se espera que los españoles superen las 22 medallas de nuestro Juegos de Barcelona, lo que no es fácil de imaginar.

Entre otras cosas porque en la villa olímpica se están viviendo momentos de cierta tensión por las estrictas medidas anti covid 19 -ayer se detectó el contagio de uno de los masajistas del equipo ciclista español-, y el temor de que en una o varias delegaciones se registre un brote mayor.

Japón hizo una notable inversión económica y finalmente tomó la decisión de celebrar en 2021 los Juegos de 2020 y bien merece que acaben bien y con éxito deportivo y de organización.