Bezos toca el cielo

Los más ricos empresarios de USA ahora se divierten con una breve carrera espacial a ver quien llega más lejos, y como presunto preámbulo del futuro negocio de turismo del espacio. E incluso a la Luna un viaje para el que se dice que hay una lista de espera de un millón de personas.

Hace unos día fue el también rico empresario Richard Branson quien subió al cielo a 85 kilómetros de la Tierra en un viaje de 70 minutos, con su nave Spaceshiptow de su empresa Virgin Galáctic.

Y ayer fue el turno del dueño de Amazon, Jeff Bezos, quien a bordo de un cohete con cápsula llamado New Shepard, de su empresa Blue Origine, con el que realizó un viaje de solo 11 minutos -que le habrá costado un Congo- y de 100 kilómetros de altura.

Lo que los castizos llamarían ‘un viaje del carajo de 100 kilómetros hacia arriba y 100 kilómetros hacia abajo’. Y de solo 3 o 4 minutos de ingravidez fuera de la atmósfera, o sea un visto y no visto.

Hasta que lleguen los chinos y fleten un autobús espacial para visitar la que será nueva base en el espacio, que están construyendo a toda velocidad porque los chinos quieren posicionarse fuera de nuestro Planeta por si llega un tiempo para una hipotética ‘Guerra de las Galaxias’, lo que en principio nadie quiere pero que en un futuro aún muy lejano nadie debería descartar.

Los millonarios americanos se divierten, como niños, con sus juguetes del espacio, mientras la Humanidad sigue sumida en los destrozos de esta gigantesca pandemia que en España no cesa de crecer, sin que la ministra Darias, que está perdida, sea capaz de coordinar una respuesta para todas las CCAA.

El magnate Bezos, dueño de Amazon, se ha comprado un cohete como años atrás se compró el diario The Washington Post. Y ayer consiguió una gigantesca publicidad mediática con su New Shepard, con el que rindió homenaje al astronauta americano Alan Shepard, el tercero en subir al espacio, tras Yuri Gagarin y John Glenn y el quinto en llegar a la Luna.

Pero más vale que Bezos ponga los pies y su enorme fortuna al servicio de los desastres humanitarios y ecológicos que están diezmando la Tierra, en vez de montar estos simpáticos numeritos espaciales En los que a buen seguro ha corrido -él y sus otros tres acompañantes- un alto riesgo aunque afortunadamente todo salió bien.