En la despedida de Iván Redondo

De Iván Redondo se ha dicho de todo. Sobre todo que era el brazo derecho de Pedro Sánchez y que tenía un inmenso poder. Y, hasta la salida de Pablo Iglesias, todo apuntaba a que el poderoso Jefe de Gabinete de Sánchez -a quien se llegó a comparar con Godoy-, era en la compañía del exlíder de UP la persona más allegada y con más poder en el entorno de Sánchez.

Y a este experto en marketing político y electoral, que subió a los altares de la política española, se le imputaba todo lo bueno, lo malo o lo regular, que pasaba en el poder político de los últimos años. Y ello aunque el donostiarra nada hubiera tenido que ver con muchos de los acontecimientos que se le atribuían en los medios de comunicación, por la oposición, o los dirigentes del PSOE celosos de su alta posición.

Los que se dicen que han forzado su salida de La Moncloa, lo que es del todo falso porque no hay nadie en el PSOE que suba la voz ante Sánchez y porque todos sabían que la relación de Iván Redondo con Pedro Sánchez era de extrema confianza y sintonía. Entre otras cosas porque Redondo fue autor de las victorias electorales de Sánchez en los últimos años.

Por ello creemos como más cierta la versión de que ha sido Redondo quien ha decidido pedirle a Sánchez su relevo, como lo ha afirmado él en un breve comunicado donde ha dicho que en la política ‘hay que saber ganar, saber perder, y saber parar’. Y está última explicación ‘saber parar’ puede ser la más auténtica que explique su salida de La Moncloa.

Pero no sabemos si también Redondo intuyó que los excesos de Sánchez en su disposición inalterable de permanecer en el poder a cualquier precio y por encima de intereses nacionales e institucionales, despertó en Redondo alguna inquietud y preocupación.

Y la sensación de que el ‘sanchismo’ como Régimen personal o presidencial y autocrático de poder, había tomado una deriva de alto riesgo como la que ahora se vislumbra en las últimas encuestas electorales que cantan victoria del PP.

Y puede que Iván Redondo sepa que una cosa es el despegue de un político hacia el cielo del poder, y otra bien distinta es que cuando se está en pleno vuelo y disfrute del mando y el Falcón empieza a meter el morro en picado es muy difícil remontar el vuelo para recuperar la altura y la posición. Y ni siquiera con el reparto a granel de los fondos del cuerno de la abundancia de la UE, o con el fin de la pandemia gracias a la vacunación masiva que se culminará en el otoño.

Lastres como los que hoy representan en España las palabras ‘indultos’ o ‘referéndum’ -llámese consulta, o no vinculante-, no tienen solución en un país en ‘guerra’ con los nacionalismos, donde se ha despertado y con ira el no menos galopante ‘nacionalismo español’. Como el que bien representa y pretende abanderar en el PP Isabel Ayuso vestida de Agustina de Aragón y con la tea encendida al pie de un cañón.

 

Y luego están otras señales como la fama de las mentiras, el menosprecio de Joe Biden, o la desconfianza en la UE, que no facilitan la posibilidad de que el vuelo del Falcón de Sánchez pueda recuperar la altura y continuar dos años más sin problemas de estabilidad, porque además el rampante nacionalismo separatista catalán es incontrolable, por más que cedas y por más que les des.

 

Y no estamos diciendo que Redondo deja La Moncloa porque huele a humo y se teme lo peor. Porque en el corto y puede incluso que en el medio plazo Sánchez puede va a resistir el embate de la Oposición. Pero sí es posible que Redondo está cansado y ha decidido marcharse porque decidió parar y porque su tiempo y su etapa concluyó.