Arrimadas ‘entrega’ Granada a Sánchez

Inés Arrimadas no es Boabdil -¡qué más quisiera!- ni nadie que se le parezca pero le acaba de entregar a Sánchez, por su falta de autoridad en su partido, la alcaldía de Granada en favor del concejal Francisco Cuenca del PSOE. El que ha contado con los votos del PSOE UP y de ediles de Cs. Con lo que se cierra la crisis de la capital ‘nazarí’ tras la ruptura de la coalición de PP y Cs que lideraba el concejal centrista Luis Salvador.

Este incidente, uno más, se suma al desguace y descontrol de Cs tras sus recientes y sonadas derrotas en Cataluña y Madrid. Y demuestra que la líder del partido centrista no controla este partido en desbandada de dirigentes, militantes y votantes, la mayoría de ellos hacia el PP, como se apreció en las elecciones de la Comunidad madrileña.

Y es en esta situación en la que Arrimadas prepara una Convención de Cs para los próximos días 17 y 18 de julio con el objetivo del ‘relanzamiento’ de este partido que está prácticamente muerto y al que todas las encuestas de intención de voto nacionales le conceden entre 0 y 1 diputado.

Lo que da una idea del nivel del deterioro de esta formación centrista que Arrimadas y Bal dicen estar en condiciones de resucitar. Aunque no se sabe como ni con qué objetivos, salvo los de salvaguardar los cargos de los que aún disfruta la actual dirección y algunos dirigentes regionales y municipales que todavía les quedan.

Arrimadas ha tenido tres notorias oportunidades para dimitir: después del estrepitoso batacazo en las elecciones catalanas del pasado 14-M; tras el espantoso ridículo que hizo en Murcia cuando, de la mano de Sánchez, presentó una moción de censura contra el presidente murciano del PP que resultó un rotundo fracaso y provocó el adelanto electoral en Madrid; y después de los comicios madrileños en los que Cs no logró mantener ninguno de los 26 escaños que tenía en la Asamblea de Madrid.

Pero para Arrimadas, que tanto habla de democracia y que tiene delante suya el ejemplo de la dimisión de Albert Rivera en las elecciones generales del 10-N de 2019, lo de dimitir para asumir las responsabilidades políticas de todos sus errores y fracasos que han sido muchos y notorios no va con ella ni con su talante.

Y lo que es peor se dispone a llevar a Cs -con desprecio a sus votantes y a sus militantes- al hundimiento completo. Cuando lo que debería de hacer, si de verdad le importa algo el centro político y tan preocupada está -como ella repite sin cesar- con el Gobierno de Pedro Sánchez y la situación general de España, es negociar con Pablo Casado un acuerdo razonable de integración de Cs en el PP para reforzar una alternativa del centro derecha.

Y es un acuerdo así con el PP lo que ella, tras dimitir de la secretaría general de Cs, debería proponer a la Convención de Cs de los días 17 y 18 de julio. Pero Arrimadas se ha encadenado a sus sillones del Congreso y Cs, desde donde lanza proclamas y ocurrencias políticas que no interesan a nadie y carecen utilidad pública porque con 10 escaños y sin que nadie la apoye no tiene nada que hacer.

Lo que, por otra parte, legítima a sus dirigentes y gobernantes en municipios y autonomías a abandonar Cs e integrarse en el PP ante la desidia y el gran desastre de la actual dirección del partido. Que es lo que podría, o debería, de ocurrir tanto en Andalucía como en Castilla León y la alcaldía de Madrid.

Porque lo demás no conduce a ninguna parte y solo beneficia a Arrimadas y a su adjunto Bal, mientras sus compañeros viven en la desolación o inician el éxodo hacia la vida privada o hacia el PP. Como está ocurriendo y como continuará hasta que Arrimadas y Bal se queden a solas disfrutando algunos meses más de lo muy poco que va quedando de lo que fue Cs antes de que se contagiase de la soberbia y la ceguera que anteriormente hundió a UPyD.