¿Garamendi ministro y Soraya tocada?

No parece que el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, esté dispuesto a aceptar, si se lo ofrecen, el puesto de ministro para las Reformas y Fondos Europeos en el nuevo Gobierno que Pedro Sánchez está perfilando, aunque nunca se sabe.

Su fichaje por Sánchez como independiente sería un notición transversal con el que los españoles tendríamos nuestro particular Mario Draghi al frente de la recuperación económica del país y del reparto de los fondos de la UE.

Los que ya veremos como se distribuyen, aunque lo más lógico será que la parte del león del dinero europeo se la zampen Urkullu y Aragonés, como suele ser habitual y por eso que se dice en el tango de que ‘el que no llora no mama y el que no mama es un gil’. Y llorando y pidiendo los políticos vascos y catalanes son unos ases.

Garamendi, es cierto, ha hecho méritos importantes para ser ministro de Sánchez con quien se ganó el título de ‘mártir’ de los indultos y hasta lloró de emoción. Y además sabe de empresas mas que los ministros Maroto, Ribera, Díaz y Escrivá juntos y, por supuesto, sería bien acogido en la UE.

Lo que está parece es que Carmen Calvo se quiere marchar porque está muy cansada. A Carmen le encantaría ser nombrada embajadora de España ante el Vaticano, unas ‘vacaciones en Roma’, como las de Audrey Hepburn con Vespa y comprando ropa maravillosa en Vía Condotti y tomando café con deliciosas pastas en el Caffé Greco por donde pasaron grandes figuras de la literatura, el pensamiento y las artes que visitaban Roma.

Además a Calvo la cuestión eclesiástica y su mística le apasiona y puede incluso que la cordobesa haya movido hilos para lograr de la Conferencia Episcopal el apoyo a los indultos de Sánchez, ‘sin arrepentimiento y sin el propósito de la enmienda’ como bien dice Carlos Herrera, aunque puede que solo fuera ‘por caridad’.

Los cargos de vicepresidentes son agotadores -Pablo Iglesias se marchó harto de coles- como lo sabe Soraya Sáenz de Santamaría -‘la pequeña asesina’ la llamaban en el PP- de la que se dice que Cospedal, su íntima enemiga, la quiere llevar a su tumba de la operación Kitchen con malas artes y como quizás pronto se sabrá.

Las dos, como lo escribió hace unos años el gran Martín Ferrand, ‘se tiraron los maridos a la cabeza’. Y luego se pelearon ‘a muerte’ por la sucesión de Rajoy. Y cuando Mariano rendido en la moción de censura se fue de copas para olvidar, Cospedal lo acompañó a ver si, harto de McCallan, el gallego le firmaba un papelito designándola sucesora, mientras Soraya colocaba su bolso en el primer escaño del ‘banco azul’ del Congreso de los Diputados.

Donde pronto aparecerán caras nuevas que seguramente escogerá Pedro Sánchez en un plácido fin de semana en el Coto Doñana donde parece que se está secando buena parte del humedal.