Jon Rahm 

El nombre de Jon Rahm tiene resonancias fonéticas con ese otro Ran, la obra maestra del genial director de cine japonés Akira Kurosawa en su espectacular versión oriental del Rey Lear de William Shakespeare, drama de luchas de poder entre los hijos y herederos de un poderoso señor de la guerra, Hidetora.

Aunque en esto del golf, un juego de caballeros inventado por los ingleses como casi todos los deportes de nuestro tiempo, no hay luchas de poder  encarnizadas sino y por lo general un ejemplar ‘fair play’ entre deportistas de élite.

Y generalmente de un modesto origen social -muchos de ellos se iniciaron como ‘cadies’ -como Severiano Ballesteros- o como empleados de campos de golf. Lo que contrasta con la leyenda de un ‘deporte de ricos’ como de manera simplista y demagógica lo transmitía el desaparecido Pablo Iglesias cuando afirmaba que la derecha agredía en las calles ‘con palos de golf’.

Un deporte el golf muy difícil de practicar por la exigencia física, mental y de coordinación de movimientos y de estrategias a la que se une un cambiante estado de ánimo y de sensaciones. Y un deporte de creciente impacto en todo el mundo -lo que facilita su espectacular retransmisión televisiva- en el que España ha tenido y tiene excelentes jugadores de talla mundial.

Como son Severiano Ballesteros, Chema Olazábal, Sergio García -los tres ganadores de la famosa ‘chaqueta verde’ de Augusta y algún British Open-, y Miguel Ángel Jiménez, y todos ellos destacados protagonistas del torneo de la Ryder Cup entre USA y Europa.

Y a estos cuatro geniales deportistas del golf español se les acaba de unir, de manera espectacular y asombrosa, el joven vasco -nacido en Barrika- de 26 años Jon Rahm. El que acaba de conquistar en Torrey Pine (San Diego, California) uno de los cuatro grandes torneos del golf mundial, el Open USA.

Y lo ha hecho con una brillante actuación a lo largo de los cuatro días del torneo y frente a los primeros jugadores del mundo que llegaron al cuarto y definitivo día a una apretada y demoledora -por la enorme dificultad que presentaba el campo- jornada final en la que Jon Rahm se hizo con la victoria tras una enconada batalla con el surafricano Louis Oosthuizen al que derrotó Rahm con un resultado de -6, frente al -5 del africano.

Y si brillante fue la actuación deportiva del español en el temible campo de Torrey Pine -donde Rahm había logrado años atrás su primera victoria en la PGA- más importante fue su paciencia y estrategia defensiva a sabiendas de que el campo era un devorador de campeones y lo importante era aguantar y atacar en el momento decisivo y final.

Y así fue como ocurrió con sus dos ‘birdies’ de los hoyos 17 y 18 donde Rahm rubricó la victoria con dos ‘puts’ geniales y con trayectorias en curva que Jon reconoció haber lanzado con la fe y tranquilidad que tenia cuando de niño comenzó a jugar al golf.

Con la victoria del Open USA Rahm consigue situarse en el liderazgo del golf mundial y desde esa privilegiada posición ahora se acercará al British Open en cuestión de semanas y a la vuelta del verano será la estrella del equipo europeo de la Ryder Cup.

Todo un campeón Jon Rahm que tiene su carácter -solo se enfada consigo mismo- pero al que acompaña una natural bonhomía que lo hace ser muy querido y apreciado en el circuito mundial del golf, donde ahora figura como joven leyenda del deporte español. Nada de aguerrida presencia como los samurais de Kurosawa sino la la imagen viva de un deportista de élite con un gran corazón.