El ‘caníbal’ se zampó a Garamendi

El liderazgo y la credibilidad del presidente de la CEOE Antonio Garamendi ha concluido tras el abrazo de oso de Pedro Sánchez -todo un ‘caníbal’ de la política- y su público aplauso a los indultos. Y ya puede cantar Garamendi misa e intentar explicar lo que no tiene explicación, porque lo cierto es que ya no representa a los empresarios de este país, salvo a los que apoyan el separatismo en Cataluña.

En realidad a Garamendi le ha ocurrido lo mismo que le la ha pasado a los que se acercan a Sánchez: que los abraza, luego los abrasa y se los come. Y los convierte en objetos de usar y de tirar. O sea, en ‘carne fresca’ para el ‘caníbal’ de La Moncloa.

Miren lo que ha hecho Sánchez con Pablo Iglesias: lo abrazó, lo metió en el Gobierno y finalmente le ha obligado a abandonar el Gobierno, UP e incluso la política. Y lo mismo hará con las sustitutas de Iglesias, Díaz y Belarra, dos tiernas corderitas.

Como lo que hizo Sánchez con Inés Arrimadas. La cogió de la mano para llevársela a la moción de censura de la huerta murciana, donde la dejó en el mayor de los ridículos, y la hundió en Madrid. Y ahora está la tal doña Inés a punto de cerrar Cs o entregarse en cuerpo y alma a Pablo Casado en el PP.

O como destruyó Sánchez al pobre de Angel Gabilondo en Madrid. Al que le obligaron decir que nunca pactaría con ‘este Iglesias’ y luego que se pusiera a las órdenes del entonces jefe de UP para, finalmente y al borde del infarto, obligarle a dimitir de todos sus cargos en Madrid. Lode Gabilondo fue cruel, primero lo descuartizaron y luego Sánchez se lo comió.

Y que se cuide Pere Aragonés con tantos requiebros de Sánchez porque a nada que se distraiga el presidente español se lo zampará en dos bocados con los indultos, las fotos con el Rey y el protagonismo que Sánchez quiere asumir en el Liceo de Barcelona presentando sus mágicos indultos como si el ‘caníbal’ de La Moncloa fuera el nuevo presidente de la Generalitat.

Y si no que Aragonés le pregunte a Iceta por el ‘monstruo’ que se lo trajo a Madrid, donde Iceta deambula como un zombi y del que no se sabe nada salvo que, según se cuenta, el tal Miquel anda escondido en el sótano de su ministerio temeroso de acabar en el menú del gran atracón de ministros que Sánchez se dará - ‘La Grande Bouffe’- en su anunciada crisis del Gobierno.

Y que se cuide mucho el Rey Felipe VI al que Sánchez ya ‘mordió’ al impedir que viajara a Cataluña para luego forzar el destierro del Rey Emérito. Y ahora anda Sánchez -disfrazado de abuelita como el lobo de Caperucita- diciendo que él es el ángel protector del Rey. Cuando todo el mundo sabe que Pedro Sánchez sueña, en su famoso colchón de La Moncloa, con la III Republica.

La capacidad destructiva de Sánchez es enorme e inagotable. Es una especie monstruo - un ‘caníbal’- que se alimenta de cadáveres políticos (menudo atracón se dio en Sevilla con Susana Díaz) para sobrevivir en el poder. Para lo que necesita un cargamento inagotable de víctimas de sus adversarios o posibles competidores.

Aunque su apetito es tan feroz que, en cualquier momento, acabará por  comerse a los suyos: a Ábalos, Calviño y Calvo, etc, y otros más antes de rendir su fiera y poderosa posición. por ahí anda la ministra de Defensa, Margarita Robles, que ya se ve con una manzana en la boca a punto de entrar en el horno de La Moncloa, dando vivas a los indultos que ella demonizó en el Tribunal Supremo porque Margarita a Sánchez no solo le tiene miedo, le tiene terror.