La guerra de los ‘botiflers’

Qué bonito, las huestes del prófugo Puigdemont se arremolinan ante la sede de ERC en Barcelona al grito de ‘Junqueras traidor, púdrete en prisión’.

En vísperas de la ‘declaración unilateral de la independencia (DUI) catalana, el 26 de octubre de 2017, eran las huestes del hoy preso Junqueras las que, ante el Palau de la Generalitat, tildaron de ‘botifler’ (traidor) a Puigdemont, porque el president estaba meditando la convocatoria de unas elecciones anticipadas en lugar de apoyar la DUI.

Ese mismo día el ‘filósofo’ Rufián escribió un famoso tuit, en el que venía a llamar Judas, o traidor, a Puigdemont diciendo: ‘155 monedas de plata’.

Horas después se proclamó la independencia, el Gobierno de Rajoy aplicó el artículo 155 de la Constitución en Cataluña y el presidente Puigdemont salió huyendo como un cobarde que es hacia Bélgica donde vive como un Pachá, abandonando a su cuota parte del pueblo catalán.

Y dejando en manos de la Justicia española a su vicepresidente Junqueras y a varios miembros de su gobierno, los que fueron juzgados y condenados y ahora están cumpliendo la pena en prisión.

Lugar desde donde a buen seguro Junqueras considera a Puigdemont un cobarde y un traidor. Palabra esta última que es el insulto más grande que un Nacionalista catalán le puede decir a otro. Y que en las últimas horas se escuchó contra Junqueras en las puertas de ERC.

Bonito espectáculo que nos recuerda a los gritos de ¡fascistas!’ con los que Pablo Iglesias incendió la reciente campaña electoral de Madrid y favoreció la gran victoria de Isabel Ayuso, tras caer el propio Ángel Gabilondo en esa crispación de Iglesias empujado por los estrategas de La Moncloa.

Esta pelea a garrotazos entre Puigdemont y Junqueras, al estilo ‘españolazo’ de las pinturas negras de Goya, es la imagen viva del actual nivel político del nacionalismo y separatismo en Cataluña.

Y todo ello en plena crisis de la pandemia y la economía, y cuando el país lleva siete meses sin Gobierno, gracias a la inhabilitación de Quim Torra, otro 'botifler' que tal baila. El que jaleaba la violencia de los CDR (‘apretad’, decía) y que fue destituido por desobedecer a la Junta Electoral.

Y conviene recordar que esos militantes de JxC que le decían a Junqueras ‘traidor, púdrete en prisión’ son las bases del partido nacionalista (la antigua Convergencia) conservador catalán que representa a la burguesía catalana y al núcleo duro del poder económico y financiero, y que se comportan como si fueran los anti sistema de la CUP.

Y todo ello con el objetivo de presionar a ERC y a Pere Aragonés para que el nuevo gobierno catalán se encargue sólo de la gestión administrativa y deje en las manos del Consejo Nacional de Puigdemont, un invento del prófugo, el poder político catalán que en ese caso tendría su sede oficial en Waterloo.

Y estos dos famosos delincuentes, Junqueras y Puigdemont, fueron los que en compañía de Otegui e Iglesias apoyaron la moción de censura del PSOE en contra de Rajoy que permitió la llegada de Sánchez al poder en junio de 2018.

Y fíjense ahora como está el patio: como se estrelló Sánchez en Madrid, como huye Iglesias de la política y del Gobierno y como se zurran en público  Junqueras y Puigdemont. Dos delincuentes y traidores a Cataluña, España y Europa, dos delincuentes fuera de la ley, del Estatuto y de la Constitución.