Iglesias hundió la izquierda para dañar a Sánchez

Patético final político de Pablo Iglesias. Se fue del Gobierno sin despedirse de Sánchez, anunció que se iba a retirar de la política y se presentó como cabeza de cartel de Podemos en Madrid donde fracasó en su demencial intento de liderar una coalición de UP y Más Madrid.

La que, en buena lógica y harto del personaje, rechazó Errejón y con acierto a la vista del buen resultado que les espera a MM y a su candidata García, la mejor valorada de la izquierda.

Lo que no imaginaba -o a lo mejor buscaba- Iglesias era que su bronca y crispada campaña en las elecciones de Madrid iba a facilitar la victoria de la derecha que anuncian las encuestas, impulsando al PP y sobre todo a Vox.

Y todo ello con la ayuda de un errático Gabilondo que empezó renegando de Iglesias y acabó a sus órdenes y subido al carro del discurso sobre el ‘fascismo’.

Un título de ‘fascista’ que se acabó llevando Iglesias una vez se descubrió -a pesar de que lo ocultó Marlaska, que es el rayo que no cesa en Interior- que unos ‘matones’ del equipo de seguridad de Iglesias, luego detenidos por la policía, fueron a reventar el mitin de Vox en Vallecas y acabaron agrediendo a sus militantes y a varios policías.

Y para cerrar su bronca campaña electoral Iglesias se ha traído a Madrid a Ada Colau, la alcaldesa de Barcelona, lo que constituye otro regalo del jefe de Podemos a Isabel Ayuso porque Colau, que desprecia a España, no es bien recibida en Madrid.

Demasiados errores y muy burdos los de Iglesias en la campaña de Madrid que invitan a sospechar que el jefe de Podemos, que le ha tomado el pelo a Gabilondo, se quiere ir del primer plano de la política nacional -está claro que no piensa quedarse en la Asamblea de Madrid- actuando con malvada premeditación para que Sánchez y el PSOE sufran un serio descalabro en Madrid.

Como el propio de Podemos, frente a las huestes de Errejón y MM, lo que va a empeorar la actual crisis política y de liderazgo de Podemos que Iglesias le quiere endosar a Yolanda Díaz en la próxima y IV Asamblea dé Vista Alegre.

Y ¿Qué opina Sánchez de todo esto? Pues fácil de imaginar: creerá que esta pesadilla de Iglesias se va a acabar y se puede equivocar.