Iglesias no puede romper, no tiene a donde ir 

El vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias está acorralado y no sabe qué hacer ni se atreve a romper el Gobierno de coalición, porque no tiene donde ir ni tampoco donde explicarlo.

Ni donde recolocar a los ministros de UP y al cúmulo de altos cargos y de asesores y ayudantes. Y aunque el vicepresidente Iglesias tensa la relación con Sánchez lo cierto es que está a su merced, desde que el Presidente consiguió aprobar los PGE de 2021.

Y aunque Iglesias levanta la voz y amenaza con ruptura y con una escalada de disparates el jefe de Podemos sabe que su situación es de una enorme debilidad. Y que sus demandas son inútiles porque carece de fuerza para imponerlas.

Empezando por el esperado pacto de Sánchez y Casado para la renovación del Poder Judicial, donde no impondrá consejeros. Y siguiendo por la crisis de los alquileres donde tampoco conseguirá intervenir los precios como una norma general, donde las CCAA tienen mucho que decir.

Y tendrá que aceptar Iglesias reformas en la Ley de Libertad sexual, cuyo ‘solo sí es sí’ ha sido rechazado por unanimidad el Poder Judicial. O la ‘Ley Trans’. Y más adelante también sobre la reforma laboral, las pensiones, la Seguridad Social y el SMI. Debates, ‘vigilados’ desde Bruselas, en los que Podemos tiene todas las de perder, como ahora está perdiendo la batalla feminista de las manifestaciones del próximo 8-M.

En realidad a Iglesias solo le queda una carta, o una amenaza, para jugar su partida con Sánchez y está en Cataluña en el caso de que UP se decidiera  apoyar un gobierno catalán de ERC presidido por Aragonés y en compañía de la CUP y JxC, la derecha separatista de Puigdemont. Ello en menoscabo del ‘tripartito’ de izquierdas catalán de Salvador Illa, que propone Sánchez, y con los apoyos del PSC, ERC y Podem.

El espectáculo de públicos y broncos encontronazos que Iglesias propicia en el Gobierno de coalición se ha convertido en un caldo de cultivo de la ruptura de Sánchez e Iglesias. La que muchos ya dan por imparable y que muchos, en España y la UE, aplaudirían y a nadie le iba a sorprender.

Y luego Iglesias y sus ministros, sin sueldos públicos, coches oficiales, asesores y guardaespaldas deberán regresar a la bancada roja de la oposición como el cuarto partido del Congreso y cada vez con un menor protagonismo y presencia en los medios de comunicación.

Por todo ello Iglesias no se va del Gobierno y aguantará lo que le echen. Y además corre el riesgo de, en caso de ruptura, ser arrasado por Sánchez a la hora de explicar los motivos del fracaso de la coalición.

No en vano sus recientes ataques a la democracia española y comparación del delincuente Puigdemont con el exilio republicano. Y su no condena y apoyo a la violencia callejera favorable al delincuente Hasel, ha facilitado el arranque de un ‘inventario’ -que a buen seguro ya tienen preparado en La Moncloa- de deslealtades de Pablo Iglesias y de comportamientos antidemocráticos y contrarios a los valores progresistas que Iglesias no podrá refutar. Y además los medios de comunicación lo arrasarán.