Cansancio de la política, la gente está harta

La política española se ha convertido en un espectáculo muy aburrido en el que no se produce ninguna excitante novedad. Pasan cosas llamativas y a gran velocidad, pero en realidad no pasa nada y cada nuevo evento tapa el anterior.

¿Se acuerdan del ruido de la confesión de Bárcenas? Pues ya no se oye nada al respecto, el juicio se ha parado por contagio del virus de uno de los procesados, y Bárcenas sigue sin enseñar pruebas importantes mientras se inicia la repatriación de los 48 millones de euros que tenía en Suiza, como puede que tenga otros más en distintos paraísos fiscales.

Y cabe preguntarse, si era multimillonario ¿por qué seguía de tesorero del PP? Solo cabe una respuesta: quería más. Y acabó peleándose en la sede famosa de Génova 13 con Cospedal, y le estalló el escándalo de la doble contabilidad del PP y, colorín colorado, todos a prisión.

Luego llegó el ministro ruso Lavrov y en coincidencia con Iglesias dijo que en España había exiliados y presos políticos, como los Junqueras y demás golpistas que salían de la cárcel para hacer la campaña electoral catalana del 14-F. En la que ganó el PSC, subió Vox y se hundieron Cs y el PP.

Y la respuesta de Pablo Casado fue anunciar que se va de la sede nacional del PP de Génova 13, lo que provocó el cabreo monumental de Cayetana y Feijóo pidiendo a Casado que reconociera su derrota y responsabilidad.

Luego siguieron en el Gobierno las peleas de Sánchez e Iglesias mientras llegaban a Marte tres naves espaciales lanzadas desde la Tierra en busca de marcianos, o de vestigios de vida. Y en Australia un griego llamado Tsitsipas se cargó a Nadal en el Open de Tenis, demostrando que este país, España, está gafado y que no hay nada que hacer.

Bueno, algunos practicar la violencia callejera en apoyo a un delincuente que se llama Hasel, para desvalijar tiendas, quemar contenedores y destruir buena parte del mobiliario urbano, con los aplausos de Podemos desde el interior del Gobierno de Sánchez, que los protege a pesar de los pesares, en su reparto habitual de papeles, poli bueno y poli malo.

Y por fin 40 aniversario del 23-F con el Rey Juan Carlos desterrado en Abu Dhabi, donde recibió los ‘medidos’ elogios de su hijo Felipe VI y también de la presidenta de las Cortes, Batet.

Y ¿eso es todo? Pues de momento si, mientras crece la indignación porque ahora dicen que la vacunación en serio y en serie comenzará en España en abril, con lo que adiós a la Semana Santa.

Eso si, los franceses están entusiasmados con las terrazas y las fiestas de Madrid y están inundando las plazas y calles de la ciudad porque Macron los tiene a raya y aquí se lo pasan bomba.

Pero mientras sube la presión ciudadana de una gran mayoría de españoles que están locos por salir y por romper las barreras ahora que se dice que los contagios bajaron de los límites de la peligrosidad y que la ‘tercera ola’ ya ha pasado.

Pero seguimos sin vacunas, en ‘estado de alarma’ y sin movilidad. Y si no se levantan las restricciones esto va a estallar por tanto control, por un lado, y por la ausencia de trabajo y de medios de subsistencia que afecta a varios millones de ciudadanos sin que se vea una solución razonable y final para tanta ruina y malestar social.

Los políticos van por un lado, a palos entre ellos, y los ciudadanos por otro y cada vez con mayor indignación y desesperación. Y si esto sigue como va por alguna parte estallará sin mesura ni moderación. Y esta vez no serán los antisistemas los que rompan la paz ciudadana y se subleven en contra de la pública y política gestión, porque se está gestando no ya una ‘cuarta ola’ de la pandemia sino más bien un tsunami y una ciudadana rebelión.