Iglesias, harto de Sánchez, regresa a la Universidad

Nunca se sabe lo que nos espera. Y si no, quién nos iba a decir lo que nos ha ocurrido con la pandemia y lo que todavía nos queda. Y el espectáculo que nos ha proporcionado este enorme -23 ministros- Gobierno de coalición en el que, en plena crisis epidémica, ha quedado claro que cualquiera puede ser el ministro de Sanidad, e incluso de Exteriores visto cómo la monja Laya juega al escondite con los monos de Gibraltar.

Y en estas reflexiones estábamos cuando, de pronto, un pajarito cantor ha venido de Galapagar, donde ahora hace un frío que pela, y nos ha contado que ha visto a Pablo Iglesias cariacontecido, paseando y hablando solo por su espacioso jardín.

Y cuenta el ave que pudo escuchar un monólogo hamletiano y sentimental en el que Iglesias se preguntaba a sí mismo: ‘¿pero que hago yo ahora en este Gobierno monárquico y liberal? Y con este Sánchez que se pasa el día mirándose al espejo de Blancanieves para que le diga que es el más guapo de España y de parte de Europa y que, logrados los PGE, tiene la sartén por el mango y el mango también’.

Iglesias ya ha sido vicepresidente del Gobierno de España, ha influido en unos PGE progresistas y ha renovado la verdadera izquierda, aunque sabe que su proyecto y su modelo ha tocado techo y no puede avanzar.

Porque, aunque removieron la tumba de Franco y desterraron al Rey Juan Carlos I a Abu Dhabi, el Régimen de la Transición sigue siendo poderoso y sus pilares fácticos están consiguiendo que Sánchez regrese a su realidad cual hijo pródigo, y con las bendiciones de mamá Merkel y de papá Macron que son los que, desde Europa, representan a España en el mundo global y liberal.

El anuncio, por Sánchez, de la Ley para modernizar la Monarquía es toda una señal. Y si así está el caminito cómo estará el pueblito. O sea, eso del Gobierno de izquierdas republicano, confederal y revolucionario se acabó. Eso se puede ensayar en Bolivia, Venezuela y Argentina, pero en España, en el corazón del euro y de la UE, eso es una quimera, un imposible.

E imaginamos que Iglesias habrá llegado a esta conclusión: ‘el espejismo fue bonito mientras duró, pero se acabó. Y antes de que destrocen a este partido tenemos que dar a Sánchez el ultimátum del referéndum sobre la Monarquía y la República, y si se niega dejamos el Gobierno de coalición y yo regreso a la Universidad, doy conferencias en America Latina, y escribo un libro sobre ‘La cuarta Internacional global’.

Y lleva razón Iglesias, porque aprobados los PGE, para los que Sánchez utilizó a Podemos como una servilleta de usar y tirar, está claro que nuestro presidente ahora aspira a grandes reconocimientos en Europa y en España.

Quiere ser el nuevo Godoy y recibir el Toisón de Oro de manos de Felipe VI.

Quiere ser reconocido como un estadista y lograr otra legislatura con una cómoda mayoría a nada que, con los fondos de la UE y las vacunas, logre revertir la crisis sanitaria y económica del país para acudir a las próximas elecciones de 2023 convertido en ‘salvador de la Patria’. Y, si ha logrado los indultos del procés, como padre de la reconciliación catalana.

Y en ese escenario donde Sánchez aparece sentado en el Trono de Hierro, Iglesias se preguntará: ¿y en todo esto qué pinto yo? ¿Acaso cree Sánchez que puedo ser su consejero enano o su edecán? Y entonces, recordando a Hamlet, Iglesias musitará: ‘morir, dormir, tal vez soñar, o simplemente partir, saliendo del Gobierno y regresando a la Universidad.