Una dura Navidad y la señal del SMI

Muerte, enfermedad, desempleo y soledad. Estos son los hechos que van a marcar las más tristes y penosas fiestas de Navidad españolas, como no las habíamos sufrido en muchos, muchos años.

Y podemos afirmar que, tanto la ausencia de una necesaria unidad política como de una eficaz gestión de los gobernantes, han impedido que el daño sanitario causado por la pandemia y su impacto en la vida económica y social del país no haya sido menor.

Más bien al contrario, los pactos contra natura democrática y decisiones de corte ideológico populista y radical, que a todas luces no eran necesarias en tan grave coyuntura, han venido a empeorar la situación. Por más que este gobierno alardee de conquistas progresistas y de ocupación arbitraria de las instituciones, lo que desde luego no era la prioridad.

Y ahora no acercamos y con fundado temor a la segunda parte de la crisis que si no se implementa como es debida y de justa manera, en el reparto y la aplicación de las vacunas y de los fondos europeos de recuperación de los sectores más dañados de la economía, asistiremos o otro espectáculo de alta tensión.

Y de desesperanza ciudadana mientras regresa la tensión precisamente cuando el Gobierno del presidente Sánchez tiene asegurados los PGE de 2021, y garantizada sin sobresaltos la legislatura hasta las elecciones de 2023.

Sobre todo y a sabiendas Sánchez de que sus socios de Podemos ya han perdido la capacidad de chantaje y de presión que tenían con los PGE. Lo que debería permitir a Sánchez un regreso hacia la normalidad democrática y la distensión política e ideológica nacional.

Una primera señal de cambio en este aspecto podría puede ser el tajante ‘no’ del Presidente a la pretensión, ‘si o sí’ decía descarada, de la ministra de Trabajo Yolanda Díaz de forzar antes de final de año una nueva subida del SMI, en contra de la decisión y la opinión de la vicepresidenta de Economía Nadia Calviño, a la que Díaz pretendió humillar con su público chantaje.

Pues eso se acabó el mismo día que se aprobaban los PGE en el Senado y una vez que la ministra portavoz María Jesús Montero afirmó que la cuestión del SMI se abordará en el segundo semestre de 2021 y cuando la economía del país haya comenzado su recuperación.

Naturalmente la ministra Díaz, de la escudería de Podemos, no presentó su dimisión como parecía obligatorio después de su fracasada apuesta.

Pero su derrota y su publicó ridículo, cuando su jefe de filas Pablo Iglesias alardeaba de ser muy cabezón, constituyen una señal de por dónde van a ir a partir de ahora los tiros en el seno del Gobierno de coalición. Porque ahora Sánchez, arrastrado en los últimos meses por la presión de Podemos y de sus aliados del soberanismo radical, se encuentra en posición de recuperar el mando y de imponerse ante cualquier disputa o interna rebelión.