Cuidado con echar campanas al vuelo

A medida que se acerca la votación de los PGE en el Senado el próximo día 23, en el Palacio de La Moncloa ya están preparando botellas de Cava, que les envía Rufián, cohetes valencianos para lanzar al cielo y el balanceo de un repicar de las campanas de la victoria con las que Sánchez e Iglesias creen que van a levitar.

Pero cuidado con la euforia porque este país, medio confinado y también medio arruinado, no está para festejos y menos aún cuando el Brexit aún puede saltar por los aires, y cuando el nuevo virus súper contagioso que está pasando del Reino Unido a la UE está a punto de provocar una tercera y agresiva oleada del Covid 19, para la desesperación y el temor del conjunto de la ciudadanía.

De manera que mucho cuidado con las campanas de La Moncloa no vaya a ser que en vez de repicar acaben doblando en señal de luto por culpa de una nueva oleada de contagios y muertes (en España ya llevamos 75.000), un luctuoso capítulo en el que nuestro país tiene el récord del mundo por el número de habitantes.

Y vamos a ver si el ‘cabezón’ Iglesias se auto controla un poco porque no para de dar alaridos y volteretas haciendo el chimpancé. Y todo tiene un límite, máxime cuando la indignación nacional está a flor de piel y cuando todas las encuestas electorales están registrando una caída de Podemos a nivel nacional.

En cuanto a Sánchez hora es que el presidente se ocupe de unir el país y, una vez que tenga los PGE de 2021 en el bolsillo, decida prescindir del chimpancé cabezón y regresar a la normalidad constitucional porque de lo contrario, tarde o temprano, también sufrirá los efectos de la creciente indignación ciudadana.

Porque ni las anunciadas vacunas ni los fondos de la UE son el bálsamo de Fierabrás que todo lo cura. Indudablemente las vacunas y el dinero de la UE ayudarán, pero los problemas no se irán de la noche a la mañana -la tercera ola puede poner el turismo y la hostelería al borde de la quiebra total- sino que se prolongarán, como la crisis económica, financiera y sanitaria, a lo largo del año 2021 y puede que continúe en el 2022.

O sea, menos fiestas y mucha más prudencia, unidad nacional y eficacia en la gestión. No vaya ser que a Sánchez e Iglesias, como dice el villancico de los aguinaldos, se les caiga encima la campana gorda de la catedral.