Maradona paró el mundo

La muerte de Diego Armando Maradona ha conmocionado al mundo entero. Todo se paró, la política, la pandemia, la economía y el ocio. Las miradas de centraron en Buenos Aires en recuerdo del genial ‘Pelusa’ y se olvidaron sus problemas con la droga para convertirse en un homenaje a un deportista carismático y genial.

El drama no fue argentino ni napolitano (su patria chica) sino mundial y el mito Maradona creció sin parar ocupando el primer sitial del fútbol mundial, que nadie, ni Pelé, Cruyff, Cristiano o Messi le arrebatará.

Y además quedó claro, por si alguien lo dudaba, que el fútbol es el primer deporte del mundo, incluso y a pesar de que en EEUU apenas existe, lo que tarde o temprano tendrán que arreglar.

No hace mucho que falleció, en un lamentable accidente de un helicóptero, uno de los más grandes jugadores de la historia del baloncesto, Kobe Bryant. Pero su muerte y sus funerales sin duda seguidos en todo el Planeta no han tenido el impacto deportivo, político y social de la muerte de Maradona.

Quien a sus cualidades deportivas sumaba una enorme empatía popular. Y su muerte, aunque esperada porque estaba muy enfermo -la de Bryant fue fulminante, dramática e inesperada-, no restó emoción ni estruendo a la noticia que inundó todos los canales de televisión, emisoras de radio, los diarios y los medios y redes sociales de Internet.

El fenómeno Maradona es otra cosa, ha sido otra cosa, el del ídolo triunfal y el ídolo caído, el de un deportista del pueblo y popular y el de una persona que triunfó y se hundió. Un artista del balón y un juguete roto en manos de un impresentable clan de esos que arropan y arruinan la vida de estrellas del balón, los toros, el cine, la política o del rock and roll.

Se fue Maradona en medio de un aplauso mundial. Un estruendo unánime y merecido que será difícil de olvidar.