Maradona, la leyenda sigue

Conmoción nacional en Argentina, local en Nápoles y general en el deporte mundial por la muerte de Diego Armando Maradona, el mejor jugador de fútbol de todos los tiempos por su intuición, liderazgo y creatividad. Y a pesar de la dura competencia de Pelé, su amigo brasileño dotado de unas facultades extraordinarias que lo convirtieron en Brasil en el ‘Rey Pele’.

Pero Maradona era el Dios. O ‘la mano de Dios’ con la que simuló un astuto cabezazo y marcó a Inglaterra un histórico gol que le abrió a Argentina las puertas de la Copa del Mundial de México.

Ha muerto Diego Armando Maradona a los 60 años, víctima de una parada cardíaca y cuando su cuerpo, destrozado por las drogas y el alcohol está exhausto y agotado y había llegado a su fatídico final.

Era el número uno en la cancha de fútbol, líder de masas en la calle y a la vez su peor enemigo en el descontrol de vida catastrófica y destrozada por esas drogas que en el campo del Rock se llevó a muchos jóvenes ídolos en el cenit de su carrera.

A Maradona le tocó en el ocaso de su carrera y de su liderazgo, cuando ya era una persona rota y enferma que más que admiración provocaba piedad.

No ha muerto, menos mal por causa del Covid, sino que simplemente se le paró su cansado y estresado corazón, que sin duda era muy grande y muy generoso y por ello y a pesar de los pesares de su mala vida se le quiso y se le adoró.

En el mundo del fútbol moderno ya no hay jugadores mágicos como Pelé o Maradona. Cristiano y Messi son otra cosa y el argentino del Barça no acaba de triunfar en su país y carece de carisma, como Cristiano de empatía.

Y los dos han iniciado la recta de sus respectivas retiradas pero ninguno de ellos traspasará el umbral de la eternidad donde ya está Maradona, mientras los argentinos lo lloran en el Obelisco de Buenos Aires, el Gobierno le ofrece una capilla ardiente en la Casa Rosa y el pueblo entona en su honor el tango de ‘adiós muchachos, compañeros de mi vida...’

Se fue un artista. El mago del balón.