Schez

El Presidente del Gobierno Pedro Sánchez. O, si se prefiere, el secretario general del PSOE, Sánchez a secas, e incluso si exprimimos el limón tras una magistral lección de Paco Umbral, quien le dedicó un artículo a Felipe González bajo el título de ‘Glez’, podríamos incluso llamar a nuestro líder nacional simplemente: ‘Schez’.

Que nada tiene que ver con el simpático ogro Shrek, porque el nuestro si se come a los niños crudos y a nada que se descuiden a los barones del PSOE -los Boyardos- que se han atrevido a criticar en público a Schez, el Zar de todas las Españas, cuyo Rasputín particular es Pablo Iglesias, otro que tal baila en esto de cotejar a Bildu y ERC para el desguace de las Españas.

Las que en opinión de Schez son muchas y plurilingües porque la Lengua Castellana ya no impera ni se lleva como lengua materna, oficial del Estado y ni siquiera vehicular en la enseñanza en todo el territorio nacional, porque Schez, con la ayuda de Miquel Iceta, ‘el Nureyev’ del Bruc, se ha cargado el uso del castellano en Cataluña en un abrir y cerrar de ojos.

Como está vendiendo Schez a trozos la soberanía nacional a Bildu, PNV y ERC a cambio de su apoyo a los PGE de Pablo Iglesias (que es el autor de las cuentas públicas), para que Schez pueda continuar en el poder.

Y por ello, el pequeño Marlaska traslada los presos de ETA a donde le dice Otegi, y el ministro Campo prepara indultos a los golpistas de ERC y PDeCAT, y la titular de Hacienda M.J. Montero se prepara para volcar el cuerno de la abundancia de los fondos de la UE en el País Vasco y Cataluña.

Y todo ello a la mayor gloria de Schez. El que lamentó ‘profundamente’ el suicidio de un preso etarra. Lo que nos conduce a pensar que Schez habría lamentado también ‘profundamente’ el presunto suicidio en prisión de uno de los violadores de ‘la manada’, a los que la ministra Irene Montero, ‘la capaora’ querría, químicamente, castrar.

El amor de Schez con Otegi comenzó en la Navidad de 2018 cuando envió su embajadora en el País Vasco, Idoia Mendía, a una cena navideña con Arnaldo Otegui, el amigo de Pablo Iglesias con el que se veía en las herriko tabernas. Y, a partir de ahí, todo han sido acuerdos y parabienes en Navarra, en la investidura de Schez y ahora por fin en el pacto de los PGE sobre los que un portavoz de Bildu ha precisado que ellos vienen a Madrid a ‘tumbar el Régimen’.

Y para que no falte de nada aparece el ‘novio’ de Delcy, la vicepresidenta venezolana de Maduro y secretario de organización del PSOE, José Luis Ábalos y pone ante toda a España a Bildu como ejemplo encomiable de ‘responsabilidad política’ por anunciar su apoyo a los PGE, mientras señala al PP de Pablo Casado como los irresponsables en las Españas de Schez.

Y claro, los Boyardos, o barones del PSOE, se han echado las manos a sus cabezas y han dicho que quien de verdad manda en el Kremlin español es Iglesias, Rasputín. Y entonces el Zar, enfadado, les ha leído la cartilla a los barones y los ha tildado de ‘desleales’ a su líder y presidente el gran Schez.

Mientras que el banderillero Ábalos -de casta le viene al galgo- con el rabo entre las piernas y su bondadoso aspecto de obispo del Palmar de Troya ha salido en rueda de prensa en Ferraz fustigándose con en látigo de las siete colas y ha vuelto a mentir, como lo hizo con Delcy. Y ahora asegura que no hay pacto con Bildu.

Que es exactamente lo que a Ábalos le ha encargado que diga su amo y señor Schez, mientras Rasputín Iglesias se monda de risa en su dacha de Galapagar viendo la trifulca que ha organizado en las Españas con su compadre Otegui y su muñeco Rufián.