'Donald, estás despedido'

La frase de moda en las pancartas que pasean eufóricos los seguidores de Joe Biden en las manifestaciones de Nueva York es la de: ‘Donald, estas despedido’.

Una frase de la que el aún presidente Trump ha abusado en su continuo baile de asesores de La Casa Blanca y miembros de su gobierno, a los que ha ido despidiendo sin causas aparentes y sin explicables motivos cada vez que Trump se enfadaba con algo que no le gustaba.

Y, precisamente ahora que él está en la puerta de salida del despacho oval, a Trump se le ha ocurrido despedir al secretario de Defensa, Mark Esper, al que se la tenía guardada porque meses atrás el jefe del Pentágono se negó a implicar al Ejército en la represión de las recientes protestas raciales en USA.

Y por eso antes de irse, sin ningún respeto y por Twitter, Trump ha cesado al Secretario de Defensa de los EEUU dando con ello prueba de su locura y del estado de ánimo, de rabia y frustración, que embarga los últimos días de tan atrabiliario personaje que acabará saliendo de La Casa Blanca por la puerta de la cocina.

Y veremos si no sale forzado y escoltado por fuerzas de seguridad porque antes de que abandone oficialmente el cargo -el 20 de enero a las 12.00 h del medio día-, el loco de Trump montará algún que otro espectáculo como el que acaba de perpetrar contra el máximo responsable de la Defensa y de las Fuerzas Armadas de los EEUU.

En estos momentos La Casa Blanca debe ser un lugar inhóspito en donde impera una insufrible tensión y donde imaginamos que nadie quiere ver a Trump por un pasillo.

Hasta el punto que imaginamos que cuando se marcha a jugar el golf corre la noticia por los despachos presidenciales como si de una fiesta se tratara: ‘se ha ido, se ha ido’, dirán los unos a los otros. Pero cuando regresa habrá aviso de alarma y preocupación: ‘el Presidente está a punto de llegar’, dirán mientras en el ala oeste de La Casa Blanca regresa la tensión.

Da igual lo que Trump haga en sus últimos días de presidente porque él ya está despedido por orden de más de 74 millones de norteamericanos. Y eso ya no tiene marcha atrás. Y todos estos malos gestos en su despedida solo sirven para confirmar su ‘calaña’ política y demuestran que ya era hora de que abandonara la residencia presidencial.