La pandemia dañará la Navidad

El ministro de Sanidad Salvador Illa, que no da una buena noticia por nada del mundo y que ha ocultado las peores, como la muerte en España de más de 60.000 personas por el Covid-19, ha advertido que las próximas fiestas de Navidad no serán como las de los pasados años. Y esta vez parece que dice la verdad.

Las grandes reuniones familiares de la tradición navideña española y los desplazamientos habituales para esas fechas no se podrán celebrar. Ni las comidas y cenas de las empresas, aumentando el daño a la hostelería y el comercio navideño, desde los mercadillos de belenes, hasta la compra de los regalos, o las cabalgatas de los Reyes Magos que también sufrirán.

Salvo que en los próximos dos meses se le dé un vuelco al avance de esta segunda oleada de la pandemia lo que es muy difícil de imaginar, visto como avanza el virus en Europa y como se resiste a replegarse en nuestro país. Una España además muy afectada por la grave situación económica y social que necesita un gran acuerdo político nacional que al día de hoy no se ve por ninguna parte. Y que, por el momento, no le interesa al Presidente Pedro Sánchez ni al líder de la Oposición y del PP Pablo Casado.

Y ello y a pesar de que un gobierno de unidad nacional y constitucional es la única salida posible y necesaria para España por más que ello le cueste a Sánchez el tener que romper su Gobierno de coalición con Podemos, y por más que le cueste a Casado -si se produce la salida de Pablo Iglesias y de sus ministros del Gobierno- tener que apoyar la permanencia de Sánchez en el poder, aunque sea por un tiempo limitado.

Lo demás son situaciones interinas que no generan confianza en España ni estabilidad. Y, por lo tanto, pueden retrasar la esperada recuperación social y económica del país así como su necesaria recuperación institucional tras los últimos y desafortunados desencuentros.

La iniciativa del gran acuerdo nacional le corresponde al Presidente Sánchez que sigue empeñado en avanzar entre la niebla económica y la enfermedad de la manos de aquellas fuerzas políticas que están empeñadas en dañar la convivencia nacional y la unidad territorial de España.

Pero en la encrucijada en la que nos encontramos ese camino por el que Sánchez quiere transitar no es el bueno, como ya se lo empiezan a decir a la cara y sin recato algunas de las primeras instituciones de la UE. Pero visto está que Sánchez no quiere rectificar, ni cumplir sus promesas electorales (en las que anunció que no pactaría con Podemos, Bildu y ERC) ni recordar todo lo que dijo de las pesadillas, o malos sueños, que tenía con Iglesias y que no le dejaban dormir.

Y ¿acaso no le quita a Sánchez el sueño la crisis española? Seguramente sí que se lo quita pero se ha empeñado en construir un modelo de España que no se corresponde con la realidad nacional ni con nuestro entorno de la UE.

Y así nos va y peor que vamos a ir camino de una tristes Navidades en las que muchas familias españolas van añorar la pérdida de sus seres queridos y van a estar muy preocupadas por el futuro de sus hijos y de su horizonte económico y laboral.