El CIS suspende a Sánchez y a Casado 

Según el último barómetro del CIS el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no tiene la confianza del 67,9% de los encuestados y tan solo le apoyan el 29,6%. Y peores aún son las cifras del líder de la oposición, Pablo Casado, que no inspira confianza al 85,9% de los encuestados y solo cuenta con el apoyo del 10,9 % de las casi 3.000 personas consultadas por el CIS.

Una cifras muy malas para Sánchez y Casado que revelan el malestar de los ciudadanos con nuestros primeros gobernantes y dirigentes políticos ante la gravedad de la situación sanitaria, económica y social del país y la ausencia de soluciones y acuerdos que permitan vislumbrar la salida de éste tan largo túnel.

En la intención de voto no se aprecian movimientos significativos respecto al anterior barómetro del CIS o al resultado de las pasadas elecciones del 10-N.

Pero lo llamativo es el desapego de los ciudadanos de sus principales líderes políticos por causa del creciente deterioro de la situación sanitaria y la vida económica y laboral.

Los españoles están muy preocupados por su situación personal y nacional. Y no ven un horizonte despejado en el corto o medio plazo. Y cuando se asoman a los medios de comunicación solo ven broncas y peleas de los dirigentes de uno y otro sesgo político. Por lo que podríamos decir que se está creando una gigantesca bolsa de abstención y alejamiento ciudadano  de los primeros partidos del país.

Lo que podría reforzar las opciones más radicales de los populismos de Vox y Podemos, y especialmente el partido de Abascal en el flanco derecho de la política -ante las continuas noticias de corrupción del reciente pasado del PP- porque el partido de Iglesias también sufre el desgaste de su presencia en el Gobierno de la nación.

Lo grave de la situación española está en que nuestro país es uno de los que en la UE y frente a tan graves problemas no ha logrado alcanzar la unidad de las principales fuerzas políticas. Sino más bien al contrario han aumentado las discrepancias y los enfrentamientos políticos llegando incluso a ataques y descalificaciones de índole personal.

El reciente veto y ataque directo al Jefe del Estado desde el Gobierno de la nación, cuando el Rey Felipe VI es ejemplo de prudencia y neutralidad, da una idea del deterioro político y de la convivencia nacional.