Trump se mofa del virus

Si nos quejamos de la política española miren hacia La Casa Blanca de Washington y podrán consolarse viendo el asombroso show del presidente Donald Trump, mofándose del coranovirus poco después de haber sido internado en un hospital militar de Maryland cuando, tras resultar infectado por el Covid-19, se temió incluso por su vida.

Trump, a su regreso a La Casa Blanca tras casi escaparse del hospital, se quitó la mascarilla en un balcón como si hiciera un streptease ante todo el mundo para luego pronunciar un mini discurso triunfalista en el que parecía ahogarse.

Ahora Trump está de nuevo en la residencia presidencial de Washington, que se ha convertido en casi un hospital de campaña con 30 médicos al servicio del presidente. El que no duda en atiborrarse de pastillas y antídotos contra el virus que lo dejó K.O. y del que dice ahora que es muy fácil de vencer.

Lo que es mucho decir en un país que se acerca a los 220.000 muertos por causa de la pandemia y cuya economía se ha derrumbado en tan solo unos meses.

Ahora Trump está escondido en el búnker/medical de La Casa Blanca desde donde fanfarronea y emite mensajes de supuesta actividad en la campaña electoral presidencial. A la que solo le quedan 25 días para la famosa noche del 3-N, que según muchos analistas será muy larga, mientras otros dicen que será muy corta porque Trump está física y mentalmente muy tocado.

Y vamos a ver, y muy pronto, si es cierto o no que se ha recuperado o si por el contrario no está en condiciones de asumir la Presidencia ni tampoco de acudir a un nuevo debate electoral con Biden.

Porque si se suspende ese segundo asalto, tras el caos bronquista del primero de Cleveland, esa será una señal inequívoca de que Trump está mal.  Bueno, bien nunca lo estuvo del todo pero ahora parece que continúa con síntomas del Covid-19 que amenazan su batalla electoral.

En la que ha cometido el error de no presentarse ante los americanos como un enfermo que acepta su situación y hace caso a los médicos. Más bien al contrario Trump está empeñado en disfrazarse de Superman. Pero por mucho que se empeñe el presidente tiene que reconocer que no sabe volar. Y que si lo intenta se va a estrellar.