Sánchez en el tercer acto del drama: los PGE

El presidente Sánchez ha salido de momento bien parado de las primeras pruebas a las que se ha sometido desde las elecciones generales del 10-N de 2019. El primer acto llegó con el pacto de Gobierno de coalición con Iglesias que luego quedó sellado con el triunfo de su investidura de la mano del PNV y con la abstención pactada de Bildu y ERC.

Pero dos meses después de esa investidura, por la que Sánchez e Iglesias prometieron a Junqueras los indultos a los golpistas, estalló en el mundo la gran pandemia, cuyos primeros datos y advertencias Sánchez ocultó en España para celebrar la fiesta feminista del 8-M que se convirtió en una lanzadera de contagios, especialmente en Madrid.

Y, entonces, la feroz crisis sanitaria con el confinamiento español y la caída a plomo de la economía y el empleo pusieron al recién estrenado Gobierno de coalición contra las cuerdas, echando por tierra el programa progresista del recién nacido Ejecutivo.

Pero Sánchez, aunque tarde y con dificultades, impuso sucesivos ‘estados de alarma’ -en los que les abandonó ERC- logrando el inesperado apoyo de Cs. Y, a la vez, consiguiendo en la UE un importante balón de oxígeno para la economía española con ayudas inmediatas de la Comisión Europea y los 140.000 millones de euros que para nuestro país acordó el Consejo Europeo de la UE para salvar a España y salvar con ello el Sur y la cohesión de la UE.

Sánchez había salido así airoso del segundo acto del drama español, pero se relajó adelantando el fin de la desescalada del confinamiento nacional y delegando en las CC.AA. la gestión de la Sanidad y la Educación, llegando otra vez -como a primeros de año- tarde a la ‘segunda oleada’ del virus que también está impactando en la economía y el empleo.

Y ahora estamos en el inicio del tercer acto del drama donde Sánchez y su socio Iglesias -después de abrir crisis con La Corona y de anunciar el pago prometido de los indultos a ERC- se enfrentan a la prueba de fuego de los PGE de 2021 en los que se incluye la estabilidad de su Gobierno para toda la legislatura.

Un tercer reto para Sánchez en este convulso año de 2020, cuyo final es aún imprevisible, y en el que el Gobierno acaba de anunciar una caída del PIB del 11,2 % y un techo de gasto presupuestario para 2021 de casi 200.000 millones de euros (196.097), una cifra astronómica nunca vista en España, con la que Sánchez espera ofrecer unas cuentas ‘progresistas’ a Podemos y ERC, sin desactivar, de paso, el posible apoyo de Cs.

Si Sánchez logra aprobar los PGE, que ahora negocia a dos manos con ERC y Cs, habrá ganado la partida y como poco tendrá dos años por delante, en un tiempo en el que el PP de Pablo Casado no acaba de levantar cabeza y está sufriendo lo suyo en la crisis sanitaria y política de Madrid, mientras Vox asume nuevo protagonismo con la moción de censura que contra Sánchez ha presentado Santiago Abascal.

Estamos entrando en negociaciones decisivas sobre los PGE con ERC y Cs, que en principio se repudian mutuamente y a los que Sánchez pretende unir en la votación con estos ‘encuentros en la tercera fase’ que ahora entran en discusión.

Eso sí, Sánchez sigue mintiendo, no gestiona bien la pandemia, ha dañado las instituciones y sus aliados del ‘Combo’ Frankenstein siguen imponiendo sus reglas del juego, dejando en pañales los pactos de La Transición. Pero al presidente ahora lo único que le preocupa son los PGE y su estabilidad. Lo demás, la calidad democrática e institucional, ‘pelillos a la mar’.