Algo se mueve en el espacio

Algo está pasando en los planetas vecinos de la Tierra porque de pronto y como por arte de magia los científicos están descubriendo en Venus, Marte y Saturno, respectivamente, la posible existencia de extrañas partículas, de lagos subterráneos y de mares que podrían albergar vida y puede que, en un tiempo no lejano, condiciones de habitabilidad para habitantes del Planeta Tierra.

También hay noticias esperanzadoras en algunos de los llamados ‘planetas enanos’. Y puede que en los EE.UU., China y Rusia se tenga constancia y se lleve muy en secreto la existencia de seres inteligentes en nuestra Galaxia, y la existencia de naves espaciales de altísima tecnología (los famosos OVNIS) y de extraterrestres que estarían dispuestos a contactar con la Tierra en una tercera o cuarta fase.

Sobre todo esto nos faltan certezas y nos sobran esperanzas porque este Planeta Azul, que se llama Tierra, se está volviendo inhóspito y plagado de enfermedades, deterioro ambiental y enormes problemas sanitarios. A los que hay que añadir otro tipo de ‘enfermedades políticas’ cuyos efectos y capacidad destructiva son tan perversos o más que las catástrofes de los virus y medio ambientales.

La sociedad global, digital y comunicada en que vivimos ha abierto muchas puertas y oportunidades al conjunto de la Humanidad. Pero por esas vías también están entrando en grandes naciones del planeta los virus más que destructivos de los populismos (de izquierda y derecha) y los nacionalismos, los que juntos o por separados constituyen una perversa y doble amenaza.

La que no para de crecer incluso en grandes naciones hoy divididas como los Estados Unidos: menudo ejemplo dieron al mundo Trump y Biden en su primer debate electoral. O en otras más pequeñas como España donde la fractura política, social y territorial no cesa de crecer.

En un tiempo en el que la pandemia del Covid-19 y las crisis económica y social española está causando estragos en nuestro país, sin que por ello los primeros dirigentes y gobernantes políticos busquen y encuentren acuerdos entre las fuerzas constitucionales, como es su obligación.

Al contrario los grandes partidos constitucionales, lejos de entenderse y de acercarse entre sí, se refugian en pactos menores con los populistas de las extremas izquierda y derecha, y con los soberanistas vascos y catalanes que creen que el río revuelto en el que vivimos les ofrecen una oportunidad para desestabilizar las instituciones (incluso desde el interior del Gobierno) y abrir la puerta a la fractura territorial.

Enorme ceguera ésta y temerarios pasos al borde de un profundo precipicio que nos afecta a todos y del que son responsables directos los dos primeros dirigentes del país, Sánchez y Casado, que son incapaces de dialogar. Pero no para que uno le pida al otro un cheque en blanco, sino para explorar las posibilidades de encuentros en los que se podría avanzar.

Y lo que es peor nada se aprecia en el horizonte español ni en el firmamento estelar que nos permita esperar a corto plazo una mejora importante de la grave situación de este país.

Sin embargo los científicos nos dicen que algo se está moviendo en nuestro entorno planetario más cercano. Es decir a igual que le espetó Galileo -‘e pur si muove’- a la Inquisición algo, sin embargo, se mueve o está moviendo en el más allá.

Y esperemos que ese algo cercano se mueva rápido y sea positivo a ver si los gobernantes de este tiempo empiezan a mirar al presente, futuro y a las estrellas y dejan ellos de mirarse en los espejos de terrenales y pasajeras ambiciones, para centrarse en salvar el Planeta Tierra y proteger a su sufrida Humanidad.