Ya puede cantar misa el señor Glez.

Fue Francisco Umbral quien tituló (iba a decir ‘trituró para ser más exacto) un duro artículo contra el ex presidente del Gobierno Felipe Gonzalez con el monosílabo de 'Glez'. Pues bien el señor 'Glez.' se nos ha convertido en un venerable predicador de la política española al servicio, se supone que de España, o de ‘los intereses del Estado’, como guardián que dice ser de las esencias de La Transición.

Ahora, aunque sin mencionar a Sánchez, Glez. está a palos con la deriva del Gobierno en sus pactos de los PGE con Bildu y ERC que son los que, en su opinión, quieren destruir España en la compañía de Pablo Iglesias al que Glez. acusa de querer imponer una ‘republiqueta plurinacional con derecho de autodeterminación’, lo que ‘sería la semilla de la destrucción de España’.

Naturalmente, Pablo Iglesias dice y hace desde el Gobierno de España lo que quiere con el consentimiento de Pedro Sánchez, porque los dos están en el ajo y se reparten los papeles de poli bueno y poli malo.

Pero Glez. con Sánchez no se atreve. Y aunque habla ‘urbi et orbi’ para que le oigan también en La Moncloa y para la satisfacción de la derecha y de los grandes salones y cenáculos del poder económico, las soflamas y análisis de Felipe Gonzalez (algunos de ellos acertados) no llegan directamente a donde tenían que llegar.  Por lo que ‘ya puede cantar misa Glez. Porque en esos lares, tan sagrados, no le escucharán con la atención que él espera.

Especialmente en dos sitios cruciales a los que González se debería dirigir de frente y sin ambages: a los militantes y barones del PSOE advirtiéndoles de la grave deriva que lleva el partido de la mano de Sánchez; y al diario El País que se han convertido en el baluarte del ‘sanchismo’. Y que, como el PSOE, está abandonando la senda constitucional y socialdemócrata.

Se acabaron pues los tiempos del ‘triángulo de las Bermudas’ (donde casi todo se ocultaba en las profundidades del poder) del núcleo duro político y económico de La Transición (la foto de Canal Plus) en el que los González, Polanco y Cebrián controlaban todo el poder del país. Bajo cuyas alfombras crecieron Filesa, los GAL y los ERE y otras fiestas por donde, a sus anchas, deambulaba el hoy Rey emérito, que imaginamos que  en Dubái seguirá.

Sánchez sabe muy bien quien, cómo y dónde se urdió su cese en ‘Los Idus del 1 de octubre’ de 2016, que muy bien relató en un ensayo Josep Borrell. El que ya había sufrido la ira felipista y sus malos modales cuando Sánchez, Polanco y Cebrián montaron la caza de Borrell después de que derrotara a Joaquin Almunia en las primarias del PSOE porque como dijo un malvado editorialista de El País de entonces, ‘Borrell es un jacobino que meterá a muchos en la cárcel’.

Todo esto es así pero, aunque Sánchez quiera venganza, nada de ello puede justificar el desastre de su gestión y sus ataques a La Transición y a la vida democrática y las instituciones de este país, espoleado por el populismo sin duda destructivo de Podemos.

Pero conviene tener presentes ciertas cosas ocurridas para poder entender lo que ahora está pasando en este país.  Y el anverso de lo que el Glez. de Paco Umbral va pregonando en los salones del poder económico español.

Umbral no fue el único escritor que cazó a Glez. Porque tras regresar Felipe González de China, donde se entrevistó con Deng Xiaoping que le contó el proverbio del gato blanco o negro que entusiasmó a Glez., otro gran escritor Rafael Sánchez Ferlosio destrozó en pocas palabras a Glez. cuando escribió que veía a Felipe González como un ‘gatazo blanquinegro, con mirada tonti astuta, gordinflón, castrado y satisfecho’.

Y ambos sabios, Ferlosio y Umbral, tenían razón. Probablemente mucha más de lo que ellos imaginaban, pero esa es ya otra cuestión.