El vicepresidente Iglesias no pega ni golpe

Debe ser la consecuencia del cielo abrasador de Madrid por lo que Pablo Iglesias se ha hecho un moño, porque la coleta le atosiga aunque también lo del moño puede ser parte de su nueva imagen otoñal y vicepresidencial, porque también se ha puesto pendientes y puede que pronto lo veamos con tatuajes y un piercing en la nariz, o un hueso de esos que lucían ancestrales tribus.

Lo que no acaba de hacer Iglesias es soltarse el pelo para que veamos su verdadera imagen que estaría a caballo entre una Lola Flores cabreada y el Cristo de Medinaceli. Pero a partir de ahora Iglesias le podrá decir al tan atildado Pedro Sánchez que está ‘hasta el moño’ de sus negociaciones con Inés Arrimadas para los PGE.

Lo que no sabe nadie es a qué se dedica Iglesias en el Gobierno porque lleva ocho meses de vicepresidente de Asunto Sociales del Gobierno y no se le conoce acción política o resultado alguno. A pesar de que con todo lo de la epidemia y las muertes de cientos de ancianos Iglesias tenía el deber de ocuparse del desastre de las residencias de mayores, pero no se movió.

Entonces ¿a qué se dedica Iglesias? Pues imaginamos que a ver series de televisión y a hablar por teléfono sin cesar para maquinar intrigas y buscar que ERC se ponga a tiro de los PGE del Gobierno, no vaya a ser que Sánchez se adelante con un pacto con Cs y entonces Colau y Asens romperán su relación catalana con UP.

También estará Iglesias muy ocupado con las demandas que circulan en los tribunales contra Podemos y contra su persona, aunque confía que la fiscal Lola Delgado le echará una mano para salir del trance.

Y luego está su presencia continúa en los medios de comunicación que es lo que más le gusta, para aporrear a la Oposición y leer en público la cartilla a Sánchez diciendo al Presidente del Gobierno lo que debe hacer y lo que no puede hacer.

En realidad Iglesias es, como se decía tiempo atrás, un ‘paseante en Cortes’ en busca de algún micrófono en el que se pueda explayar. Pero lo que se dice trabajar, o presentar personalmente un proyecto de Ley, de eso nada.

Y otro misterio sin resolver es el de ¿por qué Iglesias no viaja al extranjero en representación de España para participar en alguna negociación, evento o debate internacional. Ni siquiera lo hemos visto en alguno de los Consejos de la UE.

Aunque es verdad que estuvo unos meses en el Parlamento Europeo de eurodiputado, pero tampoco asiste a reuniones de las organizaciones de la extrema izquierda comunista en Europa o América Latina. Por ejemplo ¿por qué no viaja a Cuba o a Venezuela?

No se sabe. A lo mejor no le gusta volar, o teme un contagio del virus fuera de España y prefiere refugiarse en el chalé, no vaya a ser que le hagan un escarche en el extranjero y acabemos teniendo un incidente diplomático.

El caso es que Iglesias no pega golpe y alguien se lo debería reprochar al exigirle que haga, en la sesión de control del Congreso de los Diputados, un balance detallado de sus ocho meses de gestión.