Juan Carlos juega a la Pimpinela Escarlata

‘La buscan por aquí, la buscan por allá, pero nadie sabe dónde se encuentra la maldita Pimpinela Escarlata’. Así reza una de las frases más repetidas de la entretenida novela de aventuras de Emma Orczy ‘La Pimpinela Escarlata’, que narra las audaces escapadas de un aristócrata que burla a la guardia republicana francesa para salvar de la guillotina a familias nobles durante la época de ‘el terror’ en la Revolución Francesa.

Pues bien después del daño que ha hecho a España, a la monarquía, a su hijo el Rey Felipe VI, ahora resulta que don Juan Carlos se dedica a mofarse de los españoles jugando al escondite mientras más de un centenar de periodistas lo buscan por medio mundo, desde Europa hasta América y desde el Golfo Pérsico a Nueva Zelanda.

Muy bonito y muy entretenido por parte del Rey emérito que ya debería de estar callado e instalado en su nueva y conocida residencia, antes de que aparezcan nuevos escándalos suyos, que sin duda los hay.

Se afirma que, el pasado domingo día 2, Juan Carlos estuvo en Sanjenjo cenando con su amigo y compañero de regatas Pedro Campos, y a partir de ese momento se le perdió la pista y comenzaron las especulaciones de que, desde Galicia se fue a Portugal y de allí a Santo Domingo.

Pero según el diario ABC, que publicó el plan de vuelo de un avión privado, Juan Carlos voló desde Vigo a Abu Dhabi (donde se dice que se le hizo una foto en la escalerilla de un avión), y desde allí el emérito podría haber volado a Auckland, Nueva Zelanda.

A las antípodas españolas y en ese caso puede que en la compañía de su amigo Pedro Campos (además de su ayudante y cuatro escoltas) dado que Pedro Campos si tiene en Auckland muchos contactos en el ámbito de las regatas de vela donde los neozelandeses son campeones del mundo. Y al parecer se le está construyendo allí a Campos un barco de regatas para la Volvo Ocean Race, mientras comienzan en esas lejanas aguas los entrenamientos de la Copa de América que tanto le gustan al monarca emérito.

Todo eso es posible, pero dada la mala salud de Juan Carlos, sus problemas de movilidad y la lejanía de Nueva Zelanda de nuestro país (imagínense que de pronto un fiscal lo llama para declarar) resulta difícil creer que el emérito se haya ido tan lejos. Mientras, otras fuentes lo sitúan en una mansión lusa de Cascáis, muy cerca de Lisboa y a pocas horas de Madrid.

Pero don Juan Carlos, convencido de su irreal divinidad, ha hecho siempre lo que le ha dado ‘la real gana’ y ahora lo está haciendo igual. Y hace mal la Casa Real y el Gobierno en seguirle el juego de la Pimpinela Escarlata porque todo tiene un límite y quien así actúa no merece el título de Rey ni ningún otro privilegio más.