Las ruedas de prensa del Consejo de Ministros

El vicepresidente del Gobierno Pablo Iglesias ha llevado sus ataques a los periodistas y medios de comunicación a la sala donde se celebra la rueda de prensa habitual del Consejo de Ministros.

Un lugar que, desde que Pedro Sánchez gobierna, se ha convertido en centro de ataques semanales del Gobierno a la oposición generalmente por parte de la ministra Portavoz, María Jesús Montero, obsesionada con el Partido Popular.

Sin entender la ministra, y los que suben al estrado tras la celebración del Consejo de Ministros, que esa plataforma forma parte del Gobierno de todo los españoles y no es un púlpito ideológico y partidista desde donde atacar a los adversarios, porque para eso está el Parlamento y otros ámbitos de la comunicación.

Pero pretender que este Gobierno respete las instituciones es mucho pedir porque el Ejecutivo de Sánchez está siempre al ataque dado que considera que esa es su mejor defensa y forma parte de su estrategia para ocultar los errores de su gestión y los problemas internos de su Gabinete.

Hace unos días el Presidente Sánchez ordenó suspender la rueda de prensa del anterior Consejo de Ministros del viernes, cuando estaba en auge el escándalo de Iglesias a propósito del teléfono de su compañera Dina. De esa manera se evitó una concentración de preguntas sobre el caso Dina en línea con lo que ya ocurrió con motivo de las mentiras del ministro Marlaska sobre el cese del coronel Pérez de los Cobos.

Y si al presidente Sánchez y a la ministra Portavoz nada de todo esto les inquieta, pues menos aún al vicepresidente Iglesias que cree haber encontrado en la bronca con la prensa una oportunidad para relanzar la movilización de sus bases y militantes en las elecciones de Galicia y del País Vasco donde las encuestas sitúan a Podemos en pésimo lugar.

Iglesias, siguiendo el modelo bolivariano, ha acusado a la oposición de querer dar un golpe de Estado y ahora a la prensa de querer echarlo del Gobierno. El sabe que nada de eso es cierto pero también sabe y cree que el ruido le beneficia a él y a su partido y por ello y lejos de pasar página sobre el escándalo del teléfono de Dina -que el retuvo y posiblemente destrozó- utiliza este debate para atraer a los medios y llamar la atención.

Por supuesto sin importarle a Iglesias que sus palabras y sus ataques a la prensa, un contra poder democrático, emanen de quien ostenta un alto cargo del Gobierno de España lo que constituye un abuso añadido que devalúa el prestigio de dicha institución. Lo que a él le importa un pimiento y a su Presidente Sánchez, el que imaginamos que se ríe con todo esto, también.