Iglesias, el ‘tipejo’

Según la Real Academia Española de la Lengua la palabra ‘tipejo’ se refiere a ‘una persona ridícula físicamente y despreciable moralmente’. Pues bien ‘tipejos’ ha llamado Pablo Iglesias a periodistas que investigan, informan o comentan el escándalo sobre su sospechosa actuación en el caso de la tarjeta del teléfono móvil de su compañera Dina Bousselham, que él retuvo durante seis meses y que devolvió dañada e inservible a su dueña.

Lo que está en investigación por el juez Garcia-Castellón de la Audiencia Nacional por si existieran, en el comportamiento de Iglesias, indicios de los delitos de revelación de secretos y destrucción de soporte informático. Lo que de decretarse por el magistrado sería enviado al Tribunal Supremo para que siguiera investigando, dada la condición de aforado de Iglesias.

El que, para empezar, le ha lanzado unos piropos envenenados al juez al decir que ‘parece que algunos quieren que los de las cloacas se vayan de rositas’. Mientras que a los medios y periodistas que están investigando el escándalo, el vicepresidente tercero del Gobierno, desde su cargo y sus altas responsabilidades, les ha llamado ‘tipejos y gentuza’.

A Cayetana Álvarez de Toledo Iglesias la llamo ‘señora Marquesa’ pero ahora el vicepresidente ha bajado el nivel de sus insultos y llama ‘tipejos y gentuza’ a los periodistas que le critican, por lo que le recomendamos que lea el libro del filósofo alemán Artur Schopenhauer titulado ‘El arte de insultar’.

En todo caso, el vicepresidente no se enfadará si a partir de ahora en los medios o en el Parlamento alguien le llama ‘tipejo’. De hecho si se hiciera una hipotética rueda de reconocimiento a todos los líderes políticos de este país y un jurado ecuánime tuviera que decidir cuál de todos ellos es el que más se aproxima a la definición de ‘tipejo’, mucho nos tenemos que sería Iglesias el ganador de ese concurso.

Está claro que en la política española hay demasiada tensión y muy escaso sentido del humor. De lo contrario no asistiríamos a estos espectáculos y menos aún cuando quien los protagoniza es un presunto ‘tipejo’ que ocupa la vicepresidencia tercera del Gobierno de España. Lo que le debería obligar a un cierto decoro en las formas y un cuidado exquisito a la hora de criticar a los demás.

Y por supuesto a aceptar las críticas y noticias de medios de comunicación, porque España es un país democrático y todo ello se debe respetar por más que no le guste a los gobernantes. Pero parece claro que Iglesias está muy tocado y afectado por el caso Dina y está perdiendo los nervios con gran facilidad. Y a lo mejor piensa que con sus insultos la prensa se va a callar y se va a asustar. Y se equivoca porque, más bien en contra de lo que imagina, la prensa y la oposición lo van a continuar investigando y, si llega el caso, el Tribunal Supremo también lo investigará.