Putin, 1999-2036

Vladimir Putin lleva 20 años al frente del poder en Rusia, incluso cuando ejerció ficticiamente de ‘primer ministro’ con la presidencia fantasma de Medvedev. Y ahora acaba de culminar una reforma constitucional que le permite mantenerse de Presidente hasta 2036, cuando alcance la edad de los 84 años, y 56 al mando de Rusia, lo que no consiguieron los zares ni Stalin en la desaparecida URSS.

Putin, abogado y ex espía del KGB, es el nuevo gran Zar ‘de todas las Rusias’ y el tercer mandatario más influyente del Planeta con una gran diferencia frente al Presidente de los Estados, Unidos Donald Trump, al que se le acaba su mandato y debe optar a la reelección que, en el mejor para el de los casos, le permitiría estar en La Casa Blanca hasta finales de 2024.

Mientras que el ‘emperador’ Xi Jinping lleva siete años como Presidente de China, y puede optar a más mandatos. Pero al día de hoy nada le permite a Xi imaginar una presidencia ‘vitalicia’ como la que en la práctica disfruta el ruso Vladimir Putin.

Un político implacable con sus adversarios internos, a los que encarceló, y que ha conseguido una especial relación con Donald Trump, a quien tiene amenazado porque lo ayudó frente a Hillary Clinton durante las elecciones presidenciales de 2016 (lo que en Washington es un secreto a voces) y que ha logrado una relación estable y tensa con la Unión Europea y con China.

Y todo ello a pesar de la anexión por Rusia anexión de Crimea y la tensión con Ucrania donde Rusia ocupa parte de su territorio. Y a pesar, también, de su injerencia en Siria desde donde se ha posicionado en Oriente Próximo, o en Cuba y en Venezuela y de las sospechas que sobre Putin existen y pesan en los crímenes de espías en Gran Bretaña e intromisiones y manipulaciones informáticas en los procesos electorales de Occidente.

El Zar Putin además tiene petróleo y gas muy cerca y a buen precio para la UE. Y, sin oposición política en Rusia, disfruta de gran impunidad a pesar de la pésima gestión que ha hecho de la pandemia del Covid-19 y de las duras condiciones sociales en las que viven la mayoría de rusos, en contraste con las élites económicas que se arremolinan, en el tráfico de influencias y toda clase negocios, en torno al único poder del Kremlin.

En el que, como siempre en Rusia, juega un rol determinante el Ejército que Putin ha reforzado (con ingentes gastos) y modernizado como se vio en el reciente e impresionante desfile de la Plaza Roja, en el 75 aniversario de la derrota de la Alemania nazi. Entre otras cosas porque Putin no tiene quien le controle el gasto militar, mientras que las potencias occidentales sí recortan los gastos militares (como ocurre en España) especialmente en plena crisis económica internacional.

Aunque está claro que, en el despliegue militar, quien se lleva la palma del crecimiento internacional es China, incluso amenazando el liderazgo de los EE.UU., hasta en el despliegue naval.

Vladimir Putin es un buen aliado de sus aliados, a los que ayuda sin cesar para reforzar su poder y liderazgo personal y su influencia internacional. Y, al día de hoy, no hay nadie en Rusia que se pueda presentar como alternativa a su presidencia y el mismo se ocupa de que ni siquiera en su entorno se pueda vislumbrar un sucesor ni siquiera para el caso de una enfermedad.