A Puigdemont le crecen los enanos

El partido Reagrupación Nacional de Marine Le Pen ha ganado la alcaldía de Perpiñán, ciudad que el prófugo Puigdemont utilizaba como retaguardia de su propaganda política. Y su nuevo alcalde Louis Aliot ya ha declarado que no va a consentir que problemas catalanes compliquen la vida ciudadana.

Si a eso le añadimos que Marta Pascal acaba de fundar en Cataluña un nuevo partido ‘catalanista’, llamado Partido Nacionalista Catalán y que el PDeCAT, JxCAT y la Crida (de la ANC) están inmersos en un desconcierto permanente, veremos que los problemas de Puigdemont no paran de crecer.

Y a ellos tenemos que sumar que Laura Borrás, su portavoz en el Congreso de los Diputados, va a ser investigada y juzgada en el Tribunal Supremo por los delitos de prevaricación y malversación. Y que ese mismo Tribunal va a confirmar, a partir del 17 de septiembre, la inhabilitación de Quim Torra por lo que deberá abandonar la presidencia de la Generalitat.

Aunque lo más grave para Puigdemont -que todavía sigue pendiente de sus problemas en el Parlamento Europeo- y para el secesionismo catalán está en el gran impacto político y económico que la crisis del coronavirus ha producido en Cataluña, evidenciando la importancia que para el conjunto de los catalanes tienen las ayudas y la solidaridad del resto de España y la UE.

Lo que sin duda se va a convertir en otro poderoso misil que ya impactó en la línea del flotación del ya desvencijado ‘proceso’ de la independencia de Cataluña, del que todavía se están depurando en la Audiencia Nacional las responsabilidades colaterales del fallido golpe de Estado catalán del 27 de octubre de 2017.

Y todo ello con las perspectivas de unas elecciones autonómicas previstas para el próximo otoño o finales de año donde el partido de Marta Pascal le puede quitar bastantes diputados catalanes a Puigdemont y al soberanismo catalán.

Sobre todo si muchos de los antiguos votantes moderados de CiU y CDC deciden pasarse al nuevo Partido Nacionalista Catalán. Al que de entrada apoya el PNV, el lehendakari Íñigo Urkullu y buena parte del empresariado catalán. Mientras Puigdemont sigue fugado como un cobarde en Waterloo y no se habla con Junqueras y ni con muchos de sus compañeros del golpe a los que abandonó.