La ciega audacia de ZP en el PP

Solo a un personaje como Zapatero se le ocurre llamar a la puerta del PP en nombre de Pedro Sánchez para entrevistarse con Teodoro G. Egea, al que le propuso abril una cabal directo y secreto de diálogo y negociación entre La Moncloa y la dirección nacional del PP. Naturalmente, a ZP el PP le dio con la puerta en las narices y desveló esta gestión que ha dejado en ridículo a ZP.

Pero ¿cómo se atreve el asesor de Maduro, enterrador de la reconciliación de la Transición y primer responsable de la crisis catalana a llamar al PP para que lo nombren mediador de no se sabe qué?

Aunque se sospecha que Sánchez quería tener un ‘plan C’ de pacto para los Presupuestos, en el caso de que le fallaran sus primeros intentos con Cs y ERC. Pero enviar a Zapatero a hablar con el PP no parece que haya sido una gran idea de Pedro Sánchez, porque el disparo le ha salido por la culata.

Aunque está claro que Sánchez habrá entendido que, con el PP, él nunca podrá pactar por razones evidentes: la moción de censura Frankenstein en contra de Rajoy, sus pactos con el soberanismo y golpismo catalán en la votación de su investidura, la entrada de Podemos en el Gobierno de España y el más reciente pacto con Bildu para la reforma laboral.

Y si encima envían a Zapatero como mediador pues todavía mucho peor. Máxime en plena pre campaña de las elecciones gallegas del 12 de julio, ante las que el PP no quiere el menos atisbo de acercamiento a Sánchez.

Además este PP nunca pactará con Sánchez, entre otras cosas por sus mentiras y desafueros, y porque además eso está fuera de la estrategia del PP que, muy probablemente, la diseña desde FAES José María Aznar. Y es en FAES donde al parecer se tiene la convicción de que los nuevos pactos de Sánchez con Podemos y ERC y la crisis económica y social del otoño, son una mezcla explosiva que no tardará de estallar.

Y si alguien, ademas del iluso de ZP intenta presionar al PP (por ejemplo desde el poder económico) para cualquier tipo de pacto con Sánchez se va a equivocar. Los puentes entre Sánchez y Casado están rotos y no parece imaginable que alguien los pueda arreglar.