Nadia Calviño, la favorita

La vicepresidenta de Economía Nadia Calviño podría ser la presidenta del Eurogrupo (de los 19 ministros de finanzas de la UE) tras la dimisión del actual presidente el portugués, Mario Centeno, que se perfila como el nuevo Gobernador del Banco de Portugal.

De confirmarse el nombramiento de Calviño -que figura como favorita en las quinielas de Bruselas- en un momento tan importante de la vigente crisis económica imperante en los países de la UE, ello sería una buena noticia para España.

Y un reforzamiento para la influencia de Calviño en el seno de la UE y en el Gobierno de Pedro Sánchez donde la vicepresidenta mantiene una habitual y constante discrepancia con el vicepresidente Pablo Iglesias a propósito de las políticas fiscal y laboral.

Pero ese nombramiento de Calviño al frente del Eurogrupo, puesto al que años atrás aspiró Luis de Guindos, obligará al Gobierno de Sánchez a una política económica y financiera moderada porque parece claro que no puede haber diferencias entre la presidencia del Eurogrupo y la política económica española.

Ni tampoco es imaginable que Calviño lleve a dicha plataforma europea las propuestas radicales de Podemos, porque en ese foro no tienen cabida. De ahí que si España asume la presidencia del Eurogrupo también debe aceptar las reglas de su mayoría en defensa del interés general de la UE.

Parece que algunos ministros de los gobiernos de Pedro Sánchez están de moda fuera de nuestras fronteras y eso está muy bien. Josep Borrell pasó del ministerio de Asuntos Exteriores del anterior Gobierno de Sánchez a ser Alto Representante para la Seguridad y Defensa de la UE, y vicepresidente de la Comisión Europea.

Y ahora se especula con la posibilidad de que la ministra de Exteriores Arancha González Laya pueda convertirse en Presidenta de la Organización Mundial de Comercio, y que el ministro de Ciencia, Pedro Duque, también pueda asumir la Presidencia de la Agencia Espacial Europea. Dos cargos de alto prestigio y de influencia internacional.

Y solo nos faltaría que la ministra de Defensa, Margarita Robles, pudiera ser promocionada a la Secretaria General de la OTAN, siguiendo los pasos de Javier Solana, aunque eso ya parece más difícil de imaginar.

Y lo que sería muy interesante es que la vicepresidenta Carmen Calvo fuera nombrada embajadora de España ante el Vaticano (que ella conoce muy bien), el vicepresidente Pablo Iglesias embajador en Cuba y el ministro de Interior Fernando Grande-Marlaska embajador en Venezuela. Y así todos contentos y el presidente Sánchez con las manos libres para reorganizar un nuevo Gobierno. Lo que no estaría nada mal.