Los manejos de Pedro y Pablo

Esta extraña pareja que son Sánchez e Iglesias en este momento están a partir un piñón. Lejos quedan los tiempos en los que Pablo, en la fallida investidura de Sánchez de marzo de 2016, dijo que el PSOE aún estaba  manchado por la cal viva o de los GAL. O cuando Pedro, tras fracasar su investidura de julio de 2019, declaraba que Pablo le quitaba el sueño.

Ahora los dos, Sánchez e Iglesias y desde el abrazo que selló el nuevo Gobierno de coalición, tienen sus idas y venidas o discrepancias, que ellos llaman ‘distintas sensibilidades’, pero hay algo que les une y que todo lo cura y eso es el disfrute y la permanencia de los dos en el poder.

Y por eso Pedro y Pablo se reparten el trabajo para mantener a salvo el Gobierno de coalición. Sánchez cuida y mima a PNV y Cs, en pos de una mayoría algo más centrada y moderada, e Iglesias pastorea a Bildu y ERC para una mayoría más radical con la izquierda soberanista.

Sin embargo frente a la Oposición y, una vez conquistado el apoyo de Cs, la extraña pareja parece haber encontrado contra el PP un filón con su nueva estrategia de provocar la crispación y la confrontación política en el debate nacional y después de lanzar sus piedras -como las del pacto con Bildu o el escándalo Marlaska- para decir que quien crispa es el PP, aprovechando algunos disparates de sus dirigentes como los de Cayetana y Ayuso.

De manera que los pájaros del Gobierno les tiran con bala a las escopetas de la oposición. Y un día Iglesias los llama golpistas y les acusa de fomentar la insurrección de la policía y de la Guardia Civil, y otro Sánchez, como pasó en el debate de ayer corre a palos a Casado, lo llama apéndice de Voz y le dice que atacan a Marlaska porque el ministro está investigando la ‘policía patriótica’ del PP.

La clave de este fomento de la crispación y ataques a la derecha tiene a corto plazo una doble explicación porque con el ruido Sánchez oculta su mala gestión de la crisis sanitaria y los 47.000 muertos de la epidemia y refuerza sus alianzas con la izquierda soberanista, porque tanto Sánchez como Iglesias saben que el ruido, las mentiras y el barro político defienden su posición de poder.

Pero ahora les ha estallado en las manos el escándalo Marlaska y no hay ruido ni provocación que frene semejante desafuero del ministro. Y si un día no pueden más porque los jueces, siguiendo el rastro de la prevaricación, se acercan a las puertas de La Moncloa estos dos artistas que son Pedro y Pablo (el día del abrazo El Roto escribió: ‘se abrazan para no caerse’) tirarán a Marlaska por la borda del Consejo de Ministros para que Marlaska, que es juez, se defienda como pueda en los tribunales.

Marlaska está sentado sobre un barril de pólvora y el mismo, a instancias de La Moncloa, ha encendido la mecha al cesar por escrito y descubrir el papel al coronel Pérez de los Cobos, que ya está preparando sus recursos ante la Administración y sus querellas ante la Justicia.

La Justicia que es lenta pero que suele llegar a donde debe pero no con la celeridad que quizás merece el caso de Marlaska y eso lo sabe el Gobierno y el juez y por ello aguantan descarados el chaparrón en la confianza de que tarde o temprano escampará y que en todo caso la tormenta a ellos no les afectará.