Tempestad sobre Washington

En España estamos muy atareados con el escándalo, o la onomástica, del día -ayer fue el santo de Marlaska- mientras en la capilla de La Moncloa echan las campanas al vuelo porque, dice el oráculo sanitario, que llevamos dos días sin muertos por coronavirus en los hospitales. ¡Aleluya!

Los fallecidos en sus casas y en las residencias no se cuentan, porque no le conviene al Gobierno. Y para no cambiar a estas alturas el galimatías de las fases de la desescalada de la movilidad. Y entre otras cosas para que no se enfade el PNV, porque Sánchez les ha prometido que en pocos días estarán en el País Vasco fuera de la alarma y ‘en la normalidad’.

Y para que nadie dude de nuestro progreso general alguien nos dirá desde el Gobierno y con solemnidad: ‘Fijaros como están en USA, en toque de queda y con el ejército a punto de ocupar las calles mientras los disturbios continúan sin cesar, por el asesinato de George Floyd, un hombre de color a manos un policía blanco y criminal de Minneapolis’.

En su respuesta a las revueltas raciales el presidente Donald Trump, tras llamar idiotas a los gobernadores de los Estados, blandió airado la Biblia a las puertas de la Iglesia de St, John’s de Washington, lo que indignó a la obispa de la capital, Mariánn E. Budde que calificó el mensaje de Trump de ‘anti ético y contrario a las enseñanzas de Jesús’.

En España somos unos benditos que nos hemos tragado el confinamiento sin rechistar, y hasta las manifestaciones de Vox con banderas de España, parecían más una fiesta del fútbol que una protesta política. En USA los disturbios son de mayor calado y van acompañados por delincuentes que, en muchos casos, provocan la violencia y el saqueo. Y en parece que ya son cinco las personas que han fallecidos en los enfrentamientos.

Y todo esto cuando las muertes por la pandemia en USA han superado la barrera de los 100.000, y cuando el empleo se ha hundido, las empresas y comercios y la hostelería, el transporte, y la restauración están afectados y con problemas de financiación.

Y también cuando solo quedan cinco meses para las elecciones (del 2 de noviembre) presidenciales hacia las que Trump avanza como un boxeador sonado lanzando los puños contra el aire en un desangelado ring. Porque el mayor enemigo o adversario de Trump en estas elecciones no es Joe Biden, el candidato del Partido Demócrata. El enemigo de Trump es el propio Trump, que no cesa de dañar su imagen y la de su Presidencia a la que apenas le quedan unos meses aunque el relevo, si es que hay relevo, hasta enero no llegará.

Veremos que pasa el 2 de noviembre pero está claro que Trump en últimos meses ha perdido mucho terreno y ahora los analistas empiezan a decir que no ganará. ¡Aleluya! Y si eso es así el mundo entero lo celebrará.