El alacrán de Aznar

Dice Aznar desde el búnker de FAES que Arrimadas debería pensar en la fábula de la rana que ayudó al alacrán a vadear el rió y murió en el intento, en alusión a su pacto con Sánchez en la aprobación de la cuarta prórroga del ‘estado de alarma’, lo que para Aznar constituye un temerario viaje de la líder del Cs por el ‘territorio Frankenstein’ del Sanchismo.

El alacrán que dibuja Aznar es por supuesto Sánchez y la rana -batracio harto conocido en la charca de Esperanza Aguirre- sería Arrimadas. Pero no está Aznar para dar lecciones de intrigas venenosas a nadie después de lo que él hizo con Rajoy.

Y después de alentar el despegue de Vox en apoyo de Abascal -ese ‘chico lleno de cualidades’, dijo- para finalmente apadrinar en el PP la presidencia de Casado. El que curiosamente le está saliendo rana, vistos los errores en cadena que está acumulando el PP, como se apreció en su abstención en la votación de la famosa cuarta prórroga del ‘estado de alarma’.

Es cierto que Aznar dice algunas verdades como puños y hace propuestas razonables como cuando con Felipe González recomendó un Gobierno de ‘unidad nacional) PSOE-PP ante la gravedad del difícil momento español.

Pero sus advertencias a Arrimadas son interesadas porque Aznar no quiere salvar a Cs sino que lo que pretende es que a esa presunta rana, que sueña con ser Princesa de la bisagra de la gobernabilidad, la fulmine Casado para quedarse con los votantes de Cs en pos de su sueño de recuperar el centro derecha español.

El que el propio Aznar dinamitó con sus mentiras de la guerra de Irak y de los atentados del 11-M, como todo el mundo recordará. Y que será muy difícil de recuperar si Cs no se hunde del todo y el PP no recupera muchos de sus votos que se fueron a Vox.

Asunto este último que no parece fácil aunque esa podría ser la misión de Cayetana Álvarez de Toledo, que es la diputada más lista y brillante del PP pero que podría acabar convertida en el alacrán que se le suba a la chepa a Abascal, primero, y a Feijóo después para proteger el territorio aznarista.

Lo que está claro es que Aznar sigue en política y es el rayo que no cesa (‘el rayo del líder’ se llamaba el caballo árabe que Gadafi le regaló a Aznar) y no para de criticar a Sánchez, de hacer advertencias a Arrimadas y de decirle a Casado (al que le ha colocado su antigua ‘guardia pretoriana’) lo que tiene que hacer.

Lo que nos conduce a pensar que Aznar quiere volver y que como Saturno está dispuesto a devorar a sus propias criaturas para finalmente y una vez caído Casado proclamar a los cuatro vientos: ¡el alacrán soy yo! Pero ya se sabe como acabó la fábula porque el alacrán sabe matar pero no sabe nadar.