La cortina rasgada

Así se titula -La cortina rasgada- una de las obras maestras del cine de suspense de Alfred Hitchcock, que traemos a colación en el recuerdo de aquel episodio ocurrido en el Comité Federal del PSOE de 1 de octubre de 2016. En el que Pedro Sánchez, a la sazón Secretario General del PSOE, fue forzado a dimitir por la mayoría del Comité Ejecutivo y una vez que fracasó un burdo intento de votación manipulada en una urna oculta detrás de una cortina, que finalmente resultó inútil y rasgada.

El episodio de la urna tras la cortina fue esencial y revela la personalidad de Sánchez como político ‘sin escrúpulos’ -democráticos y morales- y sin más compromiso que su ambición personal y apego al poder como el tiempo y sus obras lo fueron demostrando en estos últimos años.

Aunque, al que entonces era el capitán del ‘no es no’, hay que reconocerle su tenacidad y capacidad de resistencia que le permitieron, en la primavera de 2017, regresar al liderazgo del PSOE donde organizó una depuración en toda regla para hacerse con todo el poder del partido y acabar con cualquier foco de resistencia o de animadversión.

Y luego, y sin escrúpulos, de adentró en los pactos del 1 de junio de 2018 en la moción de censura contra Rajoy de la mano de los Iglesias, Junqueras, Puigdemont, Ortuzar y Otegui. El ‘Gobierno Frankenstein’ que preconizó Rubalcaba, y que se reactivó en la investidura de Sánchez el 7 de enero de este año de 2020, de la que todavía esperan (Iglesias ya ha cobrado con su vicepresidencia) los pagos por sus apoyos, en especies de soberanía, los soberanistas vascos y catalanes.

Y Sánchez pagará, sobre PNV, Bildu y ERC, porque de ellos dependen los nuevos ‘estados de alarma’, los Presupuestos de 2020 y su estabilidad. De la misma manera que de Sánchez depende el indulto esencial de Junqueras para que pueda ser candidato a la presidencia de la Generalitat.

Y todo ello a pesar de lo que hemos visto y vivido de los últimos 20 meses que llevamos de presidencia de Sánchez que nos confirman el mal talante y el escaso talento de este oscuro y puede que atormentado personaje, que miente con asombrosa facilidad y en cuyas manos está hoy el presente y el futuro de nuestro país.

El balance en España de los últimos tres meses, es decir desde el estallido de la crisis de la epidemia en China e Italia, es impresionante si las cuentas se hacen bien: 200.000 empresas hundidas, ruina de decenas de miles de autónomos, un millón de empleos destruidos, 35.000 muertos y cerca de 400.000 personas infectadas por la epidemia. Y cuatro ‘estados de alarma’, decenas de decretos, modales autoritarios, involución democrática y control de los grandes medios de comunicación audiovisual.

Hemos hablado muchas veces en estas páginas de la necesidad de un Gobierno de unidad nacional PSOE-PP pero hoy añadimos: sin Sánchez. Y ¿cómo y quién le pone el cascabel al gato?

Esa es la pregunta del millón, pero la respuesta está en el PSOE y en sus medios de comunicación. Y vamos a dejarlo ahí porque si ofrecemos más datos alguien podría correr peligro porque el gran hermano que todo lo ve y todo lo escucha está en acción tras la cortina rasgada que, dicho sea de paso, esta vez no quiere urnas sino Presupuestos para que el autócrata pueda continuar.